DECIDIR NO ES PECADO

(Por Juliana Miceli / Fotos: Trinchera Sur y Rolando Andrade) Contra la creencia popular, hay religiosos de distintos credos que se manifiestan públicamente a favor de la despenalización del aborto y aportan al debate argumentos teológicos y políticos.


“Para ser un buen pastor necesito la legalización del aborto. Necesito que las personas sean responsables pero libres”; “La religión puede sugerir pero no debe castigar. No puedo imponer una idea. Ese es un pensamiento medieval”; El catolicismo de la gente rica no tiene problemas sacramentales de absolución porque con dinero logran transgredir costumbres, preceptos o normas de limitación de hijos, sin que nadie se entere ni se lo reproche”. Las declaraciones anteriores no pertenecen a integrantes de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, sino a religiosos de distintas confesiones que se manifiestan públicamente a favor de la legalización.

Según Lisandro Orlov, pastor de la Iglesia Evangélica Luterana Unida, “todo lo que la iglesia considera un pecado no es necesariamente un delito. Una ley que despenalice el aborto no obliga a mi iglesia a cambiar de pensamiento. Yo puedo seguir pensando que es un pecado, pero el Estado tiene que legislar para todos, no para mí. Vivimos en una sociedad plural y como luterano quiero que se respete ese pluralismo. Necesitamos una ley que dé condiciones de seguridad a quienes decidan llevar a cabo la interrupción de un embarazo no deseado. La persona es la que debe decidir. Hay que respetar los derechos humanos. Yo quiero la despenalización, porque me preocupa la vida de la mujer”.

En la tradición católica, según el sacerdote Guillermo Mariani, está firmemente instalado el rechazo al placer sexual, el que se considera un premio para compensar los dolores del parto y la subsiguiente serie de molestias que supone la crianza de los hijos. Por lo tanto, si se descarta lo concebido durante el acto sexual se incurre en pecado. Sin embargo, aclara Mariani, “el que no se permita el debate sobre el aborto se debe a una actitud de poder y dominio sobre la mujer que toca lo más profundo de su ser y ha sido utilizado para que la iglesia aparezca como defensora de la vida”.

La óptica judaica

Para el rabino Adrián Herbst, el Estado no debería meterse en temas éticos, sino respetar las decisiones de los seres humanos, reglamentando leyes de convivencia. “La iglesia católica todavía es una institución con mucho poder”, dice Herbst. “El catolicismo está totalmente en contra del aborto y ningún político quiere ponerse en contra de un montón de fieles que lo sienten como algo contrario a sus creencias.”

“La vida, desde el punto de vista judaico, comienza en el momento en que se puede tener una interacción con los demás, esto es, a partir del nacimiento. Previo a eso existe una interacción intrauterina con la mamá, pero no es un ser desde el punto de vista de la interacción, es una vida en potencia. Biológicamente está viviendo, pero desde el punto de vista judío la vida es un tema filosófico”.

Para entender el aborto en el judaísmo, explica Herbst, se deben conocer dos conceptos en los que se basa la ley judía: el primero, el mundo es concebido como un sistema de dilemas, no de problemas. “El problema es una situación en la que vos podés visualizar racionalmente una solución”, dice el rabino. “El aborto entra dentro de la lógica de los dilemas, es una situación donde dos valores que para vos son importantes entran en conflicto y hay que tomar una decisión con la que, decidas lo que decidas, te vas a sentir incompleto porque tuviste que dejar a un lado un valor importante”. El segundo concepto que hay que tener en cuenta es que la ley judía es casuística: “Hay principios, pero cada caso tiene que ser tomado en forma independiente. A priori no está permitido el aborto, pero hay un montón de situaciones, siempre y cuando esté en riesgo la salud física o mental de la mujer, donde a posteriori se permite el aborto”.

Si una mujer judía desea interrumpir un embarazo, ya sea por problemas de salud o psicológicos, existe un tribunal rabínico que estudia el caso y emite una sugerencia, pero es la mujer quien tiene la última palabra“El rabino sugiere y puede llegar a decir, desde el punto de vista judío, la ley judía te acompaña”, dice Herbst. “Cuando muchos dicen que está completamente prohibido el aborto de lo que no se dan cuenta es que muchas veces están privilegiando la vida en potencia del bebé en contra del sufrimiento psicológico y humano de la mujer que no lo quiere tener.

“Yo soy pro vida, pero de toda la vida”, dice el pastor Orlov. “El tema de la despenalización es algo importantísimo porque refleja lo que somos. Nos muestra como país. Es necesario revisar la legislación. No se evitan ni los abortos ni se protege la vida de la mujer. No se legisla sobre una realidad. Nosotros somos los primeros protagonistas de un proceso de conversión y en este tema de la despenalización lo más importante es el debate. No tenemos dogmas, no tenemos verdades absolutas, tenemos que debatir y ver dónde nos ponemos de acuerdo”.

Tanto el Código Civil como el Penal están influenciados por la jerarquía católica, según el cura Mariani. “Muchas veces hay más papistas que el Papa, laicos y archi-conservadores que durante el proceso de reforma, cuando se nombró la palabra aborto, aprovecharon para tomar la posición anquilosada del ‘no aborto’, sin entender que la despenalización es hasta ahora la única táctica que no se ha probado para disminuir en serio los abortos y, al parecer, la única que ofrece posibilidades de éxito”.

En noviembre de 2016, el Papa Francisco anunció que los sacerdotes podían absolver el pecado del aborto, pero nunca se pronunció sobre la práctica de los abortos clandestinos, a la cual se ven sometidas las mujeres de bajos recursos. “El Papa argentino no habla de aspectos que juegan en contra de la tradición católica afirmada por el derecho canónico y el Episcopado, que no es para nada sensible ante la tragedia de los abortos clandestinos”, dice Mariani. “No sé si él, pero muchos obispos sostienen que las muertes en esas situaciones y sus secuelas son un castigo de Dios para que aprendan. Con esta decisión les parece que han salvado su responsabilidad y su respeto a los derechos de la mujer. El Papa, si quiere y se deja asesorar científicamente, debería pronunciarse por la despenalización. Esto sería incluso más cristiano”.

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