POSVERDAD, ESTADO DE SOSPECHA Y ESTADO DE EXCEPCIÓN

(Por Omar Zanarini) En tan solo quince meses de estar al frente del Estado argentino, la alianza Cambiemos ha agotado prácticamente su programa de gobierno neoliberal, donde la apertura de las importaciones, la eliminación de las retenciones, los tarifazos, la altísima tasa de interés en dólares, el endeudamiento y la fuga de capitales tienen como correlato el cierre de fábricas y el aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia. Hubiese sido imposible llevar adelante semejante plan económico sin una supuesta verdad primera que sirva como excusa para enarbolar una verdad de Estado, una imagen que allane el camino (de ese modo la “pesada herencia” permitió el “sinceramiento”). Posverdad, Estado de Sospecha y Estado de Excepción: caso Milagro Sala.


Posverdad, la propaganda del siglo XXI

Recientemente se ha acuñado un nuevo término que caracteriza a la propaganda política y se refiere a la forma que la política adquiere: una dimensión etérea, donde los hechos u acontecimientos de la realidad poco importan. Lo que prima, en cambio, es la emocionalidad que se desprende de las opiniones del acontecimiento en cuestión y que será percibida como La Verdad. Nos estamos refiriendo a los discursos que se anclan en la posverdad.

Si la propaganda política tal cual se la conoció en el siglo XX era la tentativa de influenciar las opiniones y las conductas de la sociedad a fin de que ella misma haga carne esas opiniones y esas conductas, la posverdad es la forma que adquieren, en el siglo XXI, los intentos de dominación por parte de las clases dominantes, poseedoras y operadoras de verdaderos arsenales de producción discursiva, ideológica y simbólica. En ella el Gobierno funda hoy su gobernabilidad.

El cinismo es la fórmula sobre la cual se monta este dispositivo que apunta a generar efectos emocionales antes que una reflexión racional. Al igual que en la propaganda Nazi, la determinación de los sentidos se impone por sobre cualquier tipo de explicación.

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Del Estado de Sospecha al Estado de Excepción

Poco importa si el Gobierno nacional miente o quienes hoy gobiernan mintieron en campaña.. Ellos son, hoy, el Estado y fueron electos en las urnas. Sin embargo, ningún Gobierno que se jacte de democrático puede desoír la voz de un pueblo organizado.

La administración de Mauricio Macri ha ignorado los reclamos de la sociedad sobre la base de calificar a las movilizaciones (y paros) como “anti-democráticas”, “desestabilizadoras” o “ilegítimas”, persiguiendo, estigmatizando o encarcelando a todo aquel que sea considerado un potencial enemigo político del “cambio”.

Esta estrategia es una de las formas más efectivas a la hora de construir un relato que posibilite la gobernabilidad, de hecho se articula en torno a la imagen de la supuesta vocación antidemocrática de los movimientos nacionales y populares que se apoyan en las masas para avanzar contra los representantes de la libertad de empresa. Para ser más gráficos, y tomando las propias palabras de los funcionarios-victimas: “nos ponen palos en la rueda”

Estamos asistiendo, en éste segundo año de gobierno oligárquico, a la instauración de un Estado de Sospecha permanente donde los discursos por una supuesta defensa de la democracia buscan, una vez más, llevarnos a un Estado de Excepción para suspender las libertades y derechos a fin de que el programa de Gobierno se lleve a cabo sin ningún tipo de resistencia. Lo que no es nuevo en la historia argentina.

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Milagro Sala: de la posverdad al Estado de Excepción

El caso Milagro Sala es paradigmático para entender de qué modo opera la estrategia del enemigo político articulado con el dispositivo de posverdad. La dirigente jujeña lleva más de 440 días detenida en el penal de Alto Comedero, San Salvador de Jujuy, de forma arbitraria por parte de la justicia provincial y a pedido del Gobernador radicial-macrista Gerardo Morales.

Los motivos por los cuales la parlamentaria del MERCOSUR está privada de su libertad poco importan, las mayorías de las causas fueron armadas a fin de que la referente de la Túpac Amaru continúe encarcelada. Al punto que hasta los organismos internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (perteneciente a la OEA), han solicitado al Presidente Macri su inmediata liberación. Pero la propia Corte Suprema de Justicia de La Nación desconoce los fallos de la CIDH pese a que sus resoluciones tengan mayor rango que la propia Constitución Nacional.

Milagro Sala sigue tras las rejas y el propio Presidente hizo honor a la posverdad al afirmar en una conferencia de prensa que “a la mayoría de los argentinos nos ha parecido que había una cantidad de delitos importantes que se habían cometido por parte de Sala”. Modificando levemente la famosa sentencia del filósofo irracionalista Friedrich Nietzsche, podríamos decir que en este caso “no existen los hechos, sólo las opiniones”.

No son pocas las fuentes que hablan de una encuesta que habría realizado el Gobernador Morales, donde una mayoría de los consultados aprueban la detención de Sala, dando muestras claras de que este hecho tiene más peso, si hablamos de gobernabilidad, que del debido proceso judicial.

El éxito de los discursos anclados en la posverdad radica en lo verosímil del relato y opera sobre la base de prejuicios que, también, los medios de comunicación construyen y refuerzan permanentemente.

En el caso de Milagro, la estrategia de la posverdad coagula en las ideas preconcebidas y construidas desde la lógica de la “pesada herencia” y con el estigma de ser mujer, colla y peronista en una sociedad conservadora con los medios masivos de igual orientación.

No importa que haya cometido o no los delitos que se le imputan. Basta con que un número importante le crea a Macri de que debe estar presa y de esa forma el propio Estado ignore sus propias leyes que garantizan los derechos y las libertades de quienes lo conformamos. Se funde un régimen de excepción sobre la base de un Estado de Sospecha permanente anclado en la posverdad analizada.

Del mismo modo en que se avanzó sobre Milagro, están dispuestos a avanzar sobre cualquier enemigo político que se oponga al gobierno de la restauración oligárquica. El modelo sindical argentino y sus máximos representantes parecen ser el próximo objetivo del macrismo. Hacia ellos también parten los misiles de la posverdad. Habrá que estar dispuestos a dar la pelea necesaria para evitar que el bloque dominante avance. Y no lo haremos (sólo) en defensa de los dirigentes gremiales, sino también en la nuestra.

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