MUCHA TROPA RIENDO EN LAS CALLES

El Congreso de la Nación, institución por antonomasia de la República Argentina, sufrió un nuevo embate de la Derecha, que reemplazó debate y participación popular por un efectivo de las fuerzas de seguridad cada 10 metros cuadrados. El Presidente Macri repitió hojas de su discurso, descargó sus ganas en todo lo pasado, omitió indicadores estadísticos y prometió políticas que no explicitó como serán implementadas.

Fotos: Facundo Miguel Nívolo y María Eugenia Olazábal

Una marea de chalecos naranjas recorre toda la Avenida de Mayo, aunque también se esparce por calles adyacentes y se concentra compacta en Plaza de los Dos Congresos. Es más impactante y grande que la tibia mancha amarilla que se amontona en una esquina de Callao y Rivadavia, pero que supera a las banderas blancas y con letras negras de la UCR Capital. La última columna es tan diminuta que -aunque el control es muy estricto- a sus integrantes les abren las vallas blancas y les permiten que crucen la calle y se junten con el “Cambiemos” del Conurbano, con los de Emilio Monzó, y con las banderas de la UATRE, del Momo Venegas.

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En la puerta del Congreso de calle Rivadavia está estacionado el móvil mayor de la TV Publica “Nestor Kirchner”, muy cerca de ahí hay una grúa con la cual se tomará el pase del Presidente cuando avance junto a la escolta de Granaderos. Hay estacionadas varias combis de funcionarios que fueron llegando juntos y en solitario. También legisladores y referentes de los espacios políticos que componen una de los poderes de la República. Por ejemplo, Laura Alonso, con un vestido blanco con manchas negras, hablando de la Ley del Arrepentido; y un trajeadísimo Martiniano Molina -intendente de Quilmes-, que destaca la coincidencia que tiene el gobierno de Cambiemos con el discurso del Papa Francisco, omitiendo el frío encuentro que tuvieron los dos mandatarios en el Vaticano.

Uno de los primeros en hablar es Hermes Binner, del espacio Progresistas: “creo que en relación a los despidos del Estado tienen que reincorporar a los trabajadores, no hay lugar para que haya despedidos en la Argentina”; luego habla Omar Plaini, del Sindicato de Canillitas: “echan a trabajadores al boleo”, y lo sigue es Marcos Peña, jefe de Gabinete del Gobierno Nacional, quien se para en la tarima. Un periodista cordobés con tono resignado le dice: “¿Por qué siempre empiezan con las mismas medidas este tipo de gobiernos: despidos, achicamiento de producción?”, el funcionario ni se inmuta “estamos trabajando para lo contrario (…) sabemos que es una tarea dura, no es una tarea fácil”. En relación a la Ley Cerrojo y de Pago Soberano, dice: “es una necia política que nos llevó a un enorme costo para todos los argentinos”.

Llega Alfonso Prat Gay, riendo y haciendo chistes, quizás por el anuncio que realizó este lunes en el Microcine del Ministerio de Hacienda. La figura más buscada, palabras más, palabras menos, repite el apriete que le viene haciendo a los gobernadores y legisladores: “lo que hay que entender es que sino tenemos esto-en referencia a la derogación de la Ley Cerrojo- todo lo demás no lo vamos a poder hacer, tenemos que tener acceso al crédito”.

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Un pastor en su mundo

11 y 25. Mauricio Macri ya está por sentarse en la silla desde donde dará sus primeras palabras en el inicio del periodo legislativo. Afuera, la hinchada de “Cambiemos” es una masa amorfa, donde conviven distintos personajes que van desde las señoras paquetas de zona Norte hasta los barras bravas del Conurbano. No hay cánticos que engloben consignas, y los aplausos y gritos sólo llegan cuando se aplaude en el recinto. No hay iniciativa. Apenas hay una fila de asistentes a lo largo del vallado frente al Congreso. Contrasta con los actos que se realizaron durante los últimos años y también, con la gran presencia de las fuerzas de seguridad. Además, hay células de agentes de civil lookeados con auriculares a la oreja y sobretodos grises detectivescos, quienes están expectantes a cada movimiento.

En su recorrida por Avenida de Mayo, que es filmada hasta dentro del auto, el Presidente ha podido observar la cantidad de afiches de trabajadores que le ofrecen resistencia a las medidas que recientemente tomó en relación a los despidos y la represión. Son carteles de ATE y La Bancaria, y también hay algunos que le recuerdan que el Presidente que designó para el Banco Central, Federico Sturzenegger, está procesado por sus intervenciones en el negociado del megacanje de deuda, que precedió a la crisis de 2001.

Cuando Mauricio Macri lleva un poco más de 15 minutos de discurso, el cielo se pone negro. El sonido por momentos falla y la voz del mandatario se pierde. Continúa recitando, como en campaña, los problemas de los argentinos: inflación, inseguridad, narcotráfico y especialmente – con datos únicamente de la UCA- la “pesada herencia K”. No hay mención siquiera a un sólo logro de del gobierno anterior, que se mantuvo con fuerza de ampliación de derechos y un gran cantidad de votos en las urnas, como lo demostró la última elección.

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El desprecio a la militancia política es uno de los temas más recurrentes en la exposición del primer mandatario. La califica como uno de los grandes males del Estado, como el causante del clientelismo, el despilfarro y la corrupción. Esos conceptos, tienen su correlato con la participación en la Plaza: nadie quiere militar para cambiemos. En cambio, dentro del reciento, en la bancada del FPV, se exhiben carteles impresos que denuncian los despidos, la represión, el ajuste, y reclaman por la Libertad de Milagro Sala. Por supuesto, en varios pasajes lo interrumpen al máximo dirigente del Poder Ejecutivo, señalando logros obviados, polemizando y hasta le marcan que ya leyó el párrafo que está leyendo.

El gasto público, la falta de competitividad, las nuevas universidades como militancia política, el apego a los dudosos datos de ranking mundiales, las citas sólo para algunos temas y no para otros, van marcando sus palabras. Hay grandes ausentes: los empresarios y su rol en la formación de precios y en las trabas para el desarrollo de la industria nacional. Es más, no aparece una visión de los distintos sectores de la sociedad y sus intereses, según la óptica que se enuncia “todos los males son responsabilidad del Estado”.

“Podría seguir todo el día, pero voy a cortar acá por respeto”, alega y a continuación vienen los párrafos directos al núcleo duro que aún lo apoya: “va a cambiar la historia”,no podemos tener una visión triste, frustrante”, “tenemos una esperanza arrolladora”, “no se sale con venganza”. Todas citas relacionadas con el estilo que mantuvo en campaña, orientado por el publicista Duran Barba, que tienden a la manipulación y a sobrevolar en la culpa de los demás. Este recurso muy utilizado, sin lugar a dudas, tiene fecha de vencimiento.

El discurso comenzó con uno de las líneas que más ha blandido la clase media argentina: “yo pago mis impuestos”, entonces Macri habla de las millones en impuestos que se han pagado en las últimas décadas y que, de estar en un país en crisis, difícilmente hubiesen existido. Para finalizar anuncia larga una catarata de medidas para contrarrestar los principales desafíos que realmente tiene. Ninguna de ellas es acompañada con algo fundamental: ¿Cómo serán aplicadas?  Por supuesto desde afuera del Congreso se lo acompaña con un “Sí, se puede“, a esta altura recontra extemporáneo, ensoredecedor.

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Adentro buenos modales, afuera represión

Cuando Mauricio Macri estaba por entonar una de sus primeras palabras, los trabajadores bancarios recibían gases y palos en la esquina de Avenida de Mayo y Lima. Los laburantes marchaban al ritmo del “Soy Bancario, yo soy bancario”, cuando las fuerzas de seguridad les impidieron el paso haciendo cordones de vallas móviles y los reprimieron de forma brutal.

“Cuando cede el vallado por la presión de los compañeros de La Bancaria, empiezan a ingresar por la vereda, y ahí es cuando a algunos les tiran gas pimienta y no pasa a mayores porque los trabajadores comienzan a replegarse y también cuando pasan por la vereda les pegaron con palos”, contó Alejandro, de la Librería de la Editorial Punto de Encuentro, quien vio con sus propios ojos la represión y hasta atendió en su local a varios trabajadores heridos: “atendimos a dos chicos en la librería y también a una señora, intentamos darle resguardo a la gente que verdaderamente la estaba pasando mal”.

Luego de que se produzca la represión, Sergio Palazzo, Secretario General de La Bancaria, expresó su total repudio a lo ocurrido “quiero decirles que no hay protocolo de seguridad, que no hay policía antimotines ni gendarmería, que no hay gas pimienta ni palos que vayan a parar las pelotas que tiene este sindicato”.

Desde hace dos semanas la Asociación Bancaria está realizando un acampe frente a la sede del Banco Central en Reconquista 266. Están reclamando la reincorporación de 47 trabajadores cesanteados en el Banco Central y el Banco Provincia, la estabilidad laboral para los más de 2000 trabajadores del Banco City- entidad que ha anunciado su salida de la Argentina- y la derogación del Impuesto a las Ganancias para los trabajadores encuadrados en la cuarta categoría.

Los protagonistas

Diana Conti, del bloque del FPV, accede a las preguntas de los periodistas al salir de la Legislatura Nacional. Cuando concluye la entrevista un hombre de camisa celeste la increpa a los gritos. Diana lo mira, cruza la valla y se va caminando por la vereda, como vino. Fernando Espinoza sale muy molesto: “no se puede obviar que después de Perón y de Evita, los mejores diez años que tuvo la Argentina fueron los de Néstor y Cristina”, y también acotó: “no se puede construir nada serio en ningún país del planeta comenzando por la mentira”. 

Los Policías que resguardaron celosamente el perímetro ahora dejan pasar a los aún indignados de Cambiemos. Las señoras entran en avalancha con pines de Macri y se dirigen a los gritos a algunos diputados, pero sus argumentos comienzan a ser rebatidos por otros vecinos que ya saludaron y le dieron fuerzas a distintos legisladores del FPV. Hay sorpresa. La arena política se conforma sobre la calle Rivadavia. Desde el canal América 2, fieles a su estilo, buscan el lado circense y la discusión se agota rápidamente. Un hombre de anteojos redondos posa con un cartel que dice: “Macri pará la mano”.

En pocos minutos la zona del Congreso es desalojada. Una columna de uniformadas se coloca en tres hileras al lado de las rejas de Callao. Otra camina por Rivadavia. Dos colectivos con los símbolos de la PFA avanzan. No son militantes, no son ciudadanos movilizados: son policías. Los protagonistas de un jornada democrática.

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