DE TRELEW A ALTO COMEDERO, LA MEMORIA ES LUCHA EN EL PRESENTE

(Por Mailén Badoza y Carlos Da Silva) La masacre de Trelew se cobró la vida de 16 compañeros. El 22 de agosto de 1972 se dio el disparo final, aquel que algunos esperaban hace días. Aniquilaron los cuerpos pero no pudieron con la lucha. Durante los cuarenta y cuatro años que pasaron desde aquél episodio, la Argentina sufrió represión, masacres, fusilamientos y desaparecidos. Ahora es el turno de Milagro Sala y diez compañeros de la Tupac-Amaru, quienes forjaron su libertad desde la lucha colectiva. Ello son los primeros once presos políticos del gobierno de Mauricio Macri. Podrán encerrar sus cuerpos, pero no podrán parar la lucha.


La dictadura de 1966, también llamada Revolución Argentina, interrumpió el gobierno democrático de Arturo Illia. A la cabeza de esta “Revolución” estaban Juan Carlos Onganía (1966-1970), Marcelo Levingston (1970-1971) y posteriormente Alejandro Agustín Lanusse (1971-1973). Militantes de izquierda y sectores populares se organizan para hacerle frente con una contrarrevolución. Dentro de ellos se encontraban militantes de la PRT-ERP, FAR y Montoneros. El asesinato de los dieciséis compañeros aumentó la tensión social y produjeron el fin de la dictadura, asumiendo en representación de Perón, José H. Cámpora. Sin embargo, el aparato represivo no fue desmantelado: sectores paraestatales atacaron a los movimientos sindicales, políticos y culturales promoviendo, desde las fuerzas armadas, la aniquilación de la guerrilla. La Masacre de Trelew fue, en definitiva, el punta pie inicial de la etapa más oscura de la historia argentina como fue la dictadura del 76.

En 1972, el General Lanusse tenía 116 presos políticos incomunicados en la cárcel de máxima seguridad de Rawson, a 700 kilómetros de la ciudad de Bahía Blanca y a 400 km de Comodoro Rivadavia. La Provincia de Chubut estaba revolucionada. En el penal de Rawson aislaban a las direcciones revolucionarias del exterior, por ser el más difícil para escapar según su ubicación geográfica. Sin embargo, la primera tarea asignada era planear la fuga.

El 15 de agosto la pusieron en práctica jóvenes militantes de la PRT-ERP, FAR y Montoneros. Militantes entre 20 y 35 años. Resultó fallida: solo seis pudieron fugarse y llegar a Chile para luego ir a Cuba. Diecinueve llegaron hasta la terminal aeroportuaria de Trelew y el resto no pudo salir del penal. Los diecinueve tenían pedido de captura, por lo que el 16 de agosto se entregaron de forma pacífica en un acuerdo público con el Juez Federal, queriendo evitar mayor tortura y represión.

Durante el traslado, Lanusse declara la “Zona de emergencia” quedando a cargo de la custodia la Marina y el Ejército, quienes el 22 de agosto balean a los jóvenes en la Base Naval Almirante Zar. Dieciséis mueren masacrados, los tres sobrevivientes fueron posteriormente secuestrados por las fuerzas armadas y desaparecidos.

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LA HISTORIA SE REPITE EN EL PRESENTE

La libertad de pensamiento está siendo, nuevamente, vulnerada. Secuestrada. El mejor ejemplo de ello es la persecución a la organización Tupac-Amaru y a su líder política-social, Milagro Sala. Una mujer que decidió forjar su libertad entendiendo que no la obtendría con el dolor de sus pares, sino todo lo contrario: debía ser una lucha en conjunto, nunca anteponiendo su persona por sobre la de cualquier otro compañero. Hizo de eso un grito de lucha capaz de oírse desde el rincón más escondido de la Patria. Como aquel grito de lucha al plomo helado que se convirtió en lealtad desde aquella noche del 22 de agosto.

Milagro (9)

Cuarenta y cuatro años después de la masacre de Trelew, hoy se vive un cercenamiento de la libertad por una propuesta de marketing que fija la pauta de una democracia para quienes se aliñen con los dueños de la verdad. Lejos quedó esa sensación de sentirnos dueños de nuestro destino capaces de adquirir identidad.

Entre cuatro paredes hoy vive el anhelo de sueño y libertad. Tantas verdades ocultas entre mentiras, que se escapan dibujadas en un papel de la celda. El frío que recorre el cuerpo de los once presos políticos de Macri-Morales es testigo de sus luchas, sus logros y conquistas; es el mismo frío que sintieron los compañeros cuando eran secuestrados y torturados.

Milagro (5)

La enseñanza se refleja en las calles y el arrebato de la libertad se transformó en nuestra identidad. Somos un ¡Nunca más! Somos el persuadir de la nulidad y la censura. Somos lucha.  Una mujer pudo lograrlo y de ella venimos para aprender. De su amor hemos nacido y de su grandeza seremos Patria. La prisión, los fusilamientos y el olvido generaron desigualdad, pero eso también nos une y nos fortalece. Nos hace resistencia.


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