ONDAS DE AMOR Y PAZ

No produjo despidos masivos como en casi todas las áreas de gobierno. Tiene un discurso basado en el respeto a la pluralidad y al profesionalismo que no le impidió aportar su cuota de estigmatización y criminalización del kirchnerismo. Qué se propone Hernán Lombardi, el hombre que maneja los medios públicos en el gobierno de Mauricio Macri.

Por Juan Salvo 

El tipo siempre sonríe. Gesticula, afable, grueso. Habla sin estridencias, condescendiente, políticamente correcto. Quizás porque cree ser el Che Guevara en una convención de banqueros. No es para menos. En un gabinete dominado por gerentes de la city y multinacionales, Hernán Lombardi se siente una rara avis. Y representa su papel.

A poco de asumir, después de la recorrida mediática de rigor, Lombardi recibió al Sindicato de Prensa de Buenos Aires. En la reunión, de la que participaron delegados de los trabajadores de los medios púbicos, se comprometió a que en su área no habría despidos, a “arreglarse con lo que había”, a garantizar pluralidad ideológica y profesionalismo. “Mi modelo de medios públicos –dijo-, es la BBC británica”.

Dos meses después de aquellas promesas, repetidas también ante los “medios amigos” (hoy por hoy casi todos), las preguntas sobre el futuro del flamante Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos (que incluye a la TV Pública, Radio Nacional y la Agencia de Noticias Télam, pero también a Paka-Paka, DeporTV, Técnópolis y el Centro Cultural Kirchner) son las mismas de entonces.

¿Puede Lombardi garantizar el empleo en un gobierno donde ya hubo 60.000 cesantías sólo en la administración pública? ¿Es sincera la promesa de pluralidad ideológica cuando el frente Cambiemos busca legitimar su programa de gobierno sobre la estigmatización y criminalización del kirchnerismo? ¿Se puede construir la “BBC argentina” si detrás de cada despido y de cada acto de discriminación ideológica se clausura una política pública? ¿Es posible en este contexto pensar a los medios públicos como una política de Estado tal como lo hizo, con aciertos y errores, el kirchnerismo?

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Lo que dice y lo que se hace

Aunque su discurso tenga tonos diferentes al del macrismo puro, Lombardi comparte una matriz de origen con su jefe político y con casi todo el gabinete: llegó a la política como un “empresario exitoso”, en su caso del sector turístico. Otra coincidencia es su extenso currículum como funcionario de gobiernos neoconservadores.

Fue funcionario del actual presidente y de Fernando De la Rúa en la Ciudad de Buenos Aires y, de este último, superministro de Turismo, Cultura y Deportes en el fallido gobierno nacional de la Alianza. Además, integró el grupo “Sushi”, espacio desde el que junto a Dario Lopérfido y Antonio De la Rúa, entre otros ilustres, generaba ideas para el presidente que terminó aplicando un duro programa neoliberal y fue expulsado del gobierno por un rebelión popular.

A pesar de estos antecedentes, Lombardi nunca abandonó cierta tonada progre en su discurso, esa que le permite acompañar desde las mejores intenciones las peores políticas para las mayorías populares. Tal vez por eso eligió como Secretario de Medios Públicos a Jorge Sigal, un columnista político de frondosa prosa anti K (Perfil, Continental, Noticias) que supo renegar, igual que él, de sus orígenes marxistas (libro incluido). Se sabe: pocos son más virulentos contra las transformadores que aquellos que reniegan de haber soñado, alguna vez, con cambiarlo todo.

Pero volvamos al presente. Si bien es cierto que hasta el momento no se produjeron despidos masivos en los medios públicos también lo es la cesantía de Cynthia García, Carlos Barragán, Edgardo Mocca, Roberto Caballero, Luciano Galende, Mariana Moyano y Nora Veiras de Radio Nacional, sumado al levantamiento de la 6,7,8 de la TV Pública.

A esto se podrían agregar los despidos en Infojus Noticias, que si bien no depende de Lombardi, sí de otro cultor de los buenos modales con paso oscuro: el ministro de Justicia Germán Garavano, ex consultor de la Banco Mundial y de USAID, y niño mimados de las asociaciones prodictadura Fores y Colegio de Abogados de Buenos Aires.

A estos casos, a los que podríamos sumar el despido de Víctor Hugo Morales de radio Continental y el avance contra los periodistas críticos al actual gobierno en otros medios privados, tiene la misma impronta: disciplinar al periodismo crítico, más allá de su adhesión o no al kirchnerismo.

Esta política se complementa con otra, también visible en la persecución a Milagro Sala y la Tupac Amaru: el escarnio público vía demonización operada a través de los medios hegemónicos. Esto es posible, en tanto que es tolerado por amplios sectores de la sociedad, gracias al sentido común que a lo largo de una década supieron construir quienes hoy están en el gobierno, ya sea cumpliendo funciones o definiendo sus políticas.

Esta operatoria nace de la división entre periodismo “militante” e “independiente”, colocando, por ejemplo, a Caballero, García, Barragán o Veiras entre quienes ejercen el primero y a Joaquín Morales Solá, Héctor Pagni, Jorge Lanata o Marcelo Longobardi, el segundo. Como el periodismo militante no es periodismo se lo puede censurar, despedir y someterlo al escarnio público sin afectar la libertad de expresión. En cambio, el periodismo independiente, legitimado, puede convertir la profesión en una gran operación político-mediática.

Entonces nadie se pregunta cómo puede ser que para el periodismo independiente, serio y profesional del diario Clarín (con su capacidad de fijar agenda y “ordenar” la realidad) los temas del día sean el menú de los Rolling Stone, la amiga secreta de Juan Pablo II y las ondas gravitacionales en medio de la ola de despidos, el aumento salvaje de precios y el tarifazo. Ejemplos similares, sólo de los últimos meses, podrían compilarse hasta el aburrimiento.

En la dicotomía periodismo militante-periodismo independiente, sobre la que trabaja Lombardi para “refundar” los medios públicos, no se puede adherir a un proyecto político y hacer periodismo (ser veraces al informar, críticos al analizar). Sólo se puede es ser “objetivo” (como si tal cosa existiese) y disciplinarse ante la agenda que fijan los patrones del dispositivo infocomunicacional.

Esto no supone una visión maniquea ni sobredimensionada del tan comentado poder de los medios y de las industrias culturales, sino un debate de alcance global que trasciende al periodismo y a la política partidaria. La tinelización de la televisión y la espectacularización de la información son dos caras, deleznables, de una misma moneda.

En este contexto es difícil creer que los títulos escandalizantes sobre los honorarios de los denostados “periodistas militantes” o las imágenes “de los Gerentes de La Cámpora” acarreando cajas en Télam hayan llegado a los medios ahora oficialistas producto de una dedicada investigación periodística, sin intervención de la oficina que conduce Lombardi. Un despliegue profuso e intimidante que no se vio en otras noticias que afectan a “periodistas independientes”, como la adquisición de Jorge Lanata de un departamento por 2.500.000 de dólares en una zona exclusiva de Miami.

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Es la política, estúpido

Más allá de las ondas de amor y paz que reparte Lombardi, los pasos dados hasta ahora no auguran un futuro promisorio. Tal vez porque no sea casualidad, por ejemplo, que en el contexto que describimos Lombardi haya puesto al frente de Télam a Rodolfo Pousá, el periodista de Clarín que intentó cerrar la empresa en los tiempos de la Alianza. O que sea un secreto a voces que su administración se proponga reducir personal vía jubilaciones anticipadas y  retiros voluntarios.

Una mirada optimista sobre el futuro de los medios públicos sugiere que teniendo el respaldo de los medios hegemónicos el gobierno del PRO puede darse el lujo de neutralizarlos sin entrar en conflicto con sus trabajadores, salvo cuando ese conflicto le sirva para profundizar la grita del odio antikirchnerista. El mismo argumento puede usarse en sentido contrario: ¿para que mantener una comunicación pública fuerte si el modelo político-cultural del macrismo tiene en las corporaciones mediáticas a sus principales espadas?

La realidad, que nunca es tajante, suele andar por el medio del camino. Al igual que la fábula de la rana y el escorpión, es muy probable que el periodismo independiente termine picando a su redentor, no sin antes constatar su desgaste y garantizar un eventual recambio que satisfaga su voracidad. Llegados a este punto, ni siquiera la construcción de medios públicos a imagen y semejanza de los medios comerciales concentrados salvará a Lombardi de un nuevo naufragio.

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