REPÚBLICA DEL SHOW, AL BORDE DEL FRAUDE

(Por Carlos A. Villalba*) Terminó. Pasó ese domingo 13 de agosto tan temido por casi todos; los que esperaban confirmar la aceptación de un rumbo, quienes pretendían convertir unas elecciones internas -y de medio término- en una señal de rechazo al gobierno y aquellos que aspiraban a instalar su imagen en la línea de partida hacia “el futuro”. Con ayuda de los grupos concentrados de comunicación más influyentes del país, el PRO+Carrió dibujó un país que fotografiaron las primeras planas del lunes, anunciando que “el Gobierno triunfa en los distritos clave y hay paridad en Provincia” y un “amplio triunfo oficialista con un ajustado final en Buenos Aires”; un país que la mayoría no reconoce como propio o como beneficioso para sí y su familia, demostrado con los cerca del 70% de argentinas y argentinos que no votaron por los candidatos de camiseta amarilla. Casi una semana pasó de aquel domingo… los votos, de a poco, van apareciendo. La pregunta es: ¿son votos de ciudadanos o de consumidores? Pueblo o mercado.


El escenario del horario central de la televisión argentina fue un telón de sonrisas que ocultó la verdad. Papel picado y globos para los “triunfos” macristas en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, las más deliciosas frutillas sobre una torta a la que no le faltaban sabores como los cordobeses, puntanos o entrerrianos.

Falso. El propio sosías de la gobernadora María Eugenia Vidal, Esteban Bullrich tuvo que reconocer 48 horas después de la puesta en escena que terminaría sacando menos votos que la Unidad Ciudadana que encabezan Cristina Kirchner y Jorge Taiana. Es que faltaba el escrutinio, único conteo válido que realizan las autoridades comiciales tras recibir los telegramas y las urnas, proceso en el cual se corrigen errores, como por ejemplo la recuperación de 4.000 votos kirchneristas sólo en La Plata. O los  cometidos al registrar con 0 votos a CFK en cerca de 300 establecimientos provinciales, cuando sus listas provinciales o municipales tenían centenares de boletas favorables en cada mesa.

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Además de ese recuento, correctivo de errores y “picardías”, otra zona de disputa fueron las 1537 mesas sin escrutar por decisión del Poder Ejecutivo. Los jueces de la Cámara Nacional Electoral, Santiago Corcuera y Alberto Dalla Via, se reunieron el jueves 17 con el juez con competencia electoral bonaerense, Juan Manuel Culotta; intentaron convencerlo de que proceda el recuento de esos casi 550.000 votos enviados al limbo, en un escenario de apenas 6.915 sufragios de diferencia al cierre para el show de la madrugada del domingo 13. Desde La Plata se apuraron a afirmar que “la visita de los jueces es de cortesía, algo habitual entre la Cámara y los juzgados electorales, no se debe a ninguna denuncia”, en un intento de proteger a su jefe, compañero de colegio del presidente Mauricio Macri y del conjunto de su entorno legal, incluido su secretario Legal y Técnico, Pablo Clusellas, y su abogado personal, Alejandro Pérez Chada.

La misma manipulación se produjo con los sufragios de la provincia de Santa Fe, donde el oficialismo también bailaba por encima de los votos del peronismo y el socialismo, hasta  que Agustín Rossi denunció a medianoche que no se cargaban los votos de la zona de Rosario, favorables al Frente Justicialista, que terminó la jornada con mejores guarismos que Cambiemos y que el Frente Progresista Cívico y Social. En Chaco, Río Negro, Chubut y Tierra del Fuego sucedió algo parecido.

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Para la derrotada precandidata a senadora por 1País, Margarita Stolbizer -que lejos de sumarle votos al sector de Sergio Massa, lo puso en zona de desgranamiento- las irregularidades no son más que “una picardía de Cambiemos”.

Por el contrario, para quienes defienden voto a voto los intereses de Unidad Ciudadana, el país está frente a maniobras lindantes con un fraude destinado a disimular un 39,5% real de Cristina Kirchner y arrinconarla en el 34% que le dibujaron a los grandes medios, los organismos estatales y sobre los que se montó Mauricio Macri en 72 horas para profundizar en su colonización de la Justicia, con la complicidad de la Corte Suprema, sostener la persecución de Milagro Sala, desplegar todo el arsenal del FMI para reformar el sistema previsional argentino, defender el accionar de la Gendarmería en el primer caso de desaparición forzada de una persona en la Patagonia y tratar de  inmovilizar a las centrales obreras más importantes del país.

Setenta y dos horas son… tres días.

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Didáctica del elector

Todos hablan de números e impugnaciones, ganadores y perdedores. Parece necesario  recordar que las PASO no son elecciones generales, es decir que nadie ganó el 13, como no sea en su propia interna, y recién habrá victorias y derrotas el domingo 22 de octubre. Es importante también tratar de comprender por qué el electorado vota como lo hace y, sobre todo, de intentar aprehender el escenario electoral rediseñado a partir de la última dictadura cívico militar y dinamitado de manera definitiva con la eclosión del 2001.

Las cabezas de lista de los distintos espacios eligieron diferentes frases para sintetizar su posición frente al voto en estas internas sin competencia. La única definición propositiva y la que mejor expresa una posición frente a la relación del votante, los candidatos a representarlos y la realidad fue la de la Unidad Ciudadana de Cristina Fernández de Kirchner: “voten en defensa propia”. Massa se aferró a la rima consonante de las consignas de los ´70 para vocear “Ni Macri ni Cristina, Argentina”, aunque los números no le dieron la razón y quedó en zona de dispersión con miras a octubre, encerrado en su estrecha “avenida del medio”.

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La jefa de campaña y candidata holográfica del PRO, María Eugenia Vidal, también se expresó en negativo para redondear con exactitud el pensamiento del grupo de Macri con la frase “Cristina representa todo lo que no quiero en la política, es la expresión más brutal de un sistema”. Tiene razón, redistribución con inclusión, latinoamericanismo y ampliación de derechos, sin presos políticos –como Milagro Sala- ni detenidos desaparecidos –como Santiago Maldonado-, no figuran en los instructivos del PRO.

En el “voten en defensa propia”, tal vez radique el carozo del problema, o del mecanismo de toma de decisiones electorales en la Argentina de la segunda década del Siglo XXI. La ganadora en suspenso de las PASO bonaerenses, en línea con su primer discurso desde el llano, en Comodoro PRO aquel miércoles lluvioso del 13 de abril de 2016, seguramente intentó que cada uno reflexione acerca de si “está mejor o peor” que el 10 de diciembre de 2015, día en que Mauricio Macri se hizo cargo de la “pesada herencia” que le dejó.

Es el convite más honesto y más oportuno que alguien puede sugerir: que nadie se deje hacer daño. Seguramente la mayoría de quienes votaron lo hicieron, incluso ese medio millón que el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, la sospechada empresa española INDRA y el Correo manejado por Jorge Irigoin, multigerente histórico de Grupo SOCMA (Sociedad Macri), congelaron para que su jefe pudiese bailar en público.

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Genocidio y cambio

Transcurrieron más de 16 años desde la crisis generada por la explosión social, política y económica que el 20 de diciembre de 2001 se llevó en helicóptero a Fernando de la Rua, presidente de una alianza fallida que explotó por los efectos de la crisis de la deuda externa tan incontrolable como la que se está tomando en la actualidad y dejó decenas de cadáveres en las calles y el grito “Que se vayan todos” transformado en la síntesis del pensamiento de la mayoría de los argentinos.

La situación profundizó la debilidad de las instituciones, en especial las partidarias, generada a partir de las primeras horas del 24 de marzo de 1976, cuando las fuerzas armadas arrasaron con la Constitución y las vidas de decenas de miles de personas y comenzó la destrucción de la economía nacional como les ordenaba José Alfredo Martínez de Hoz, el organizador del golpe decidido por los grupos económicos más concentrados del país, sus socios y sus casas matrices extranjeras.

La represión salvaje y la ilegalización producida a partir de ese momento, el empujón social que significó la indignación popular expresada en 2001, la falta de representatividad ante demandas masivas, hicieron que los partidos se debilitaran al máximo. La fidelización, el voto cautivo, el acompañamiento emocional, fueron desapareciendo; el sufragio se hizo volátil, cambiante, y aparecieron nuevas variables que, a la hora de “elegir” candidatos, fueron determinantes, aunque invisibles.

Los partidos ya no estuvieron en condiciones de “mediatizar” la relación entre las mayorías y los sectores más poderosos. En ese resquicio se colaron los medios masivos, que forman parte de ese sector de poder concentrado. Son juez y parte, pasaron a ocupar toda la cancha en medio de una dinámica interna que, además, fue de concentración, con monopolios, oligopolios y posiciones de control de mercado aplastantes. Se produjo un aumento significativo en la influencia y el peso de las grandes corporaciones, particularmente las extranjeras, en la economía argentina.  

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Penetrando el capital

En medio de esa crisis, encontraron la brecha y se metieron, sin filtros y través de Macri y su Grupo, los grupos económicos concentrados. Profundizaron su uso corporativo del Estado, primero el porteño, luego el nacional (1). Con el CEO de SOCMA, desembarcó un sistema característico de la publicidad, basado en procesos que buscan identificar las necesidades y los deseos de los consumidores, para adaptar el discurso de la oferta y “satisfacerlos” en función de intereses secundarios, superficiales, del ciudadano convertido ahora en cliente, e incorporarle bienes y servicios y, sobre todo, su propia concepción del mundo.

En aquel territorio político en el que el sistema tradicional de partidos está debilitado y sus cuadros devaluados es en el que entraron el marketing, los focus grups, el coaching, el discurso vacío que tan bien explicó el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. El PRO, Durán Barba, Marcos Peña Braun, María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti, transitaron por esa senda… y triunfaron. (2)  

Las transformaciones se dieron no solo en el plano material sino también en los comportamientos sociales y grupales, en las construcciones del imaginario colectivo y hasta en las tomas de decisiones individuales. Por eso se imponen preguntas como  ¿defenderse de qué? y ¿qué es “lo propio”? ¿Todos sienten que deben “defenderse” de quienes causaron el aumento de la desocupación, la pobreza y la indigencia y el deterioro de los indicadores sociales como salud y vivienda, la caída del poder adquisitivo de los salarios y de los planes sociales? ¿Todos, en especial los sectores pobres y medios, creen que cada logro se alcanza a través de un ecuación en la que confluyen los esfuerzos individuales, familiares o grupales con los efectos de macro y micro políticas de Estado?

¿Habrá en verdad quienes consideran que lo deseable es lo que expresa la bonhomía de un relato de frases simples, pastorales, reiteradas y con nombre de pila, con acusaciones justicieras y denuncias permanentes? Sobre todo cuando son dichas por un muchachón de ojos claros que muchas querrían tener de yerno, por una muchacha angelical, ingenuota, casi virgen, que más de uno querría para novia…

Y ese es el punto de “lo propio”. ¿Uno es lo que es o lo que quiere ser? ¿Uno se comporta como es o como quiere ser? Las técnicas publicitarias venden una muchacha hermosa, un auto que ni Fangio, una casa con sol, hijos rubios… y un cigarrillo; un mundo completo y ajeno. El “cliente” sólo accede al cigarrillo, pero ese humo lo instala en el centro de aquel paraíso al que nunca llegará.

La política de la posverdad –que no es otra cosa que la mentira- intenta que el ciudadano se convierta en eso, en un consumidor de discursos que gustan, atraen, alejan de la diaria difícil y acercan a la jornada de esos ejecutivos sin corbata que hablan desde las pantallas de 42 pulgadas y todo lo tienen. En ese suelo y  con esas herramientas también aró el PRO. Y recogió frutos que los comicios pusieron en evidencia, el voto aspiracional es otro de los condimentos del resultado electoral.

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Este es el show

Uno de los pocos resultados “internos” sin reversión es el aplastante de Elisa Carrió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ese faro que guió a Macri en las tinieblas pre-electorales del 2015, lo alejó de Massa, lo arropó con sus denuncias antikirchneristas seriales y guardó bajo candado, por ahora, sus denuncias documentadas hacia la “familia corrupta” que él encabeza. Sin dudas, ella será electa diputada nacional por el distrito, arrastrando a varios conmilitones hasta la Cámara.

Ese desempeño del partido vecinalista que se recibió de nacional, más las ventajas logradas por “el equipo” Cambiemos en el interior, sumadas al excelente desempeño en la Provincia de Buenos Aires –aún con la derrota por solo dos puntos por debajo de Cristina Kirchner- daban para festejo, baile y globo.

Pero no les alcanzó. No soportaron que una Kirchner ganara, reviviera y se pusiese a la cabeza del distrito de más peso electoral y mayor valor simbólico del país, la provincia de Buenos Aires. Víctima de su propio error de “nacionalizar” esa votación “perdible” el mandatario quiso que el festejo fuese solo amarillo. Sonó Tan Biónica y fueron felices por anticipado, a pesar de que Frigerio, sabía de lo ilusorio de que Esteban Bullrich estuviese casi 7 puntos por encima de Unidad Ciudadana y que al autorizar la carga de votos de la Tercera Sección Electoral, con su mítica Matanza siempre peronista, Cristina remontaría automáticamente y superaría al “mejor ministro de Educación de la Historia” por 1,5 puntos.

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En cuanto terminaron los movimientos espasmódicos sobre el tablado de Cambiemos, Unidad Ciudadana empezó a descontar puntos. Rápido al principio, con una diferencia de 1,99% a las 0.43, cayó a 1,23 pasada la una, traspuso la barrera de la unidad 14 minutos después, cuando las planillas mostraron un 0,89%; media hora más tarde estaba a solo 0,32% de distancia y para arrimarse a 0,18 tuvo que espera una hora. Eran las 3.07 cuando al tablero del infarto que manejó Frigerio desde las pantallas de INDRA no le quedó otra que mostrar que el oficialismo tenía el ataque kirchnerista a solo 0,07%.

A las 3.51 cuando CFK empezó a hablar, pidió perdón por el bochorno del conteo y la desinformación; la Junta Nacional Electoral marcaba que los números estaban 34,15  a 34,14% y faltaba escrutar más de 500.000 votos de Ensenada, Malvinas Argentinas, Florencio Varela, Moreno, Merlo, La Matanza, J.C.Paz, Berazategui y Ezeiza, donde Unidad Ciudadana duplicaba los registros del macrismo. Es decir, al terminar el discurso en el que la ex mandataria anunció su victoria a las 4 y 15 del lunes 14, el goteo debía haberla presentado arriba por más de un punto.

No fue así. Pararon de tirar miguitas electorales a las 6.01. El Ministerio del Interior decidió suspender el conteo del 5% de sufragios restante con una diferencia favorable a su candidato de 6.915 votos, apenas 8 centésimas. De todas las provincias en las que hubo elecciones a senadores o diputados nacionales, solo Catamarca superó a Buenos Aires en cantidad de votos no escrutados con un 6,05%.  

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El resultado no cambiará. La suma definitiva mostrará que Cristina Kirchner ganó y Bullrich realizó una excelente elección, gracias a que María Eugenia Vidal logró que la gente lo identifique con la “marca” Cambiemos, porque si los ciudadanos son clientes, están condenados a consumir determinada marca. Por el contrario, los pueblos puestos a hacer política no abrevan en supermercados, se movilizan, se organizan y reinician la marcha.

* Psicólogo, investigador y periodista argentino. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)


(1) http://questiondigital.com/las-corporaciones-al-abordaje-macri-y-el-uso-privado-de-lo-publico-ii/

(2) http://utophianoticias.blogspot.com.ar/2017/04/focus-group-choripan-y-represion.html

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