RACISMO VS. MESTIZAJE

(Por Gabriel Fernández*) La victoria está en los pueblos americanos

La exploración del mundo que derivó en el descubrimiento, fue una combinación de necesidad económica expansiva con el indomable espíritu humano de avanzar sobre territorios desconocidos. Un equivalente a la actual búsqueda sobre el espacio exterior.

En el continente hoy llamado América habitaban numerosas comunidades derivadas de migraciones previas, básicamente originadas en Asia. Ellas se movían, como las sociedades europeas, por parámetros semejantes, propios del ser humano en todas las latitudes.

Aquí había hermandad y sojuzgamiento. Desarrollo y violencia. Las diferencias internas fueron aprovechadas por los recién llegados para golpear sobre los estados mejor constituidos: aztecas allá e incas por aquí, que se habían ganado la animadversión de los pueblos cercanos.

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En el primer tramo de la conquista puede hablarse de violencia y genocidio para la obtención de recursos. Con posterioridad, al desplegarse las luchas independentistas, el mestizaje se fue imponiendo, y configuró la gran riqueza de la región. De allí que resulte justo hablar de Nuestra América como una elaboración indohispánica.

Distinto al Norte. Allí el anglosajón jamás cedió al mestizaje; persiguió y asesinó al indio y luego redujo a los supervivientes en reservaciones. En el Sur el indio habita entre nosotros en la misma configuración de las sociedades. Es el trabajador latinoamericano. Ha llegado a imponer jefes de Estado como Juan Domingo Perón y Evo Morales.

El indigenismo es un racismo, así como lo es cualquier variante del europeísmo. No somos indios, no somos europeos, porque somos latinoamericanos. Con el correr del tiempo esta zona del continente se convirtió en el laboratorio más hondo, abarcativo y rico que se ha conocido en la historia de la humanidad.

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El dislate de hablar –o cantar- Cinco siglos igual implica negar a Tupac Amaru, Haití, las revoluciones, San Martín, Artigas, el federalismo, el 17 de Octubre, la Revolución Cubana, el Unasur y tantos episodios y procesos más que han servido para demostrar la capacidad de lucha, la inteligencia y la maduración de los pueblos que surgieron de la mixtura.

El racismo en América latina está orientado contra el “indio” presente; el pibe morocho de acá a la vuelta que se acerca a una organización social, el delegado de base que exige paritarias, el ciudadano que alza su bandera por la justicia social. El racismo pega duro sobre esa combinación de criollos pobres e indígenas que constituyeron el sentido de nuestra nacionalidad sureña.

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La combinación de los conceptos comunitarios preexistentes a la llegada española, así como el criterio del bien común que anidaba en los migrantes posteriores, ha originado los movimientos populares de nuestra zona. Con preceptos que se han –y se siguen- ido elaborando sobre la marcha tomando distintas influencias en tanto resulten útiles para las causas colectivas.

De allí el esfuerzo del Norte por fragmentar la zona. Contrariamente a lo que plantea el indigenismo presente, desvinculado de la evolución de los mismos pueblos que dicen reivindicar, por estos pagos no hacen falta nuevas fronteras ni nuevas naciones, sino la conjunción federativa de las ya existentes para construir con potencia un gran espacio cultural y económico propio.


* Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica.

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