DIA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES: UNA LUCHA QUE NO CESA

Hace 105 años murieron cerca de 200 trabajadoras textiles en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist en Nueva York. La tragedia conmovió al mundo entero –como suelen ser las cosas que sucedes en suelo estadounidense- por el nivel de explotación que vivían las mujeres de la fábrica. Uno de los datos que quedó en la historia es que las salidas de emergencia estaban trabadas para que ninguna pudiera escaparse de su labor. Los derechos laborales eran nulos por esos tiempos, en esos suelos, y es a partir de esa nefasta jornada que surgieron distintos espacios sindicales de lucha específicos de mujeres.

Por Mariana Spagnuolo*/ Fotos: Lucía Figueroa y Facundo Miguel Nívolo

El incendio no fue exactamente el 8 de Marzo, en realidad fue el 25. La primera propuesta por el día de la mujer surgió de la militancia socialista, en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en 1910. Luego, por distintas circunstancias y luchas, se fue expandiendo a lo largo de todo el mundo, incluso excediendo el concepto inicial y las primeras reivindicaciones. Diría aún más, perdiéndose un poco la historia de la fábrica de Nueva York y hasta la relevancia de esas 200 muertes.

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El día de la mujer plantea distintas aristas para analizar, primero porque es inevitable caer en una interacción de temas y problemáticas a la hora de hablar de las mujeres, por otro lado el origen del día de la mujer y la manipulación mediática, económica y comercial de la actualidad generan una contradicción difícil de concebir sin un análisis de cómo el sistema se come las luchas y las tragedias para usarlas como estrategia de venta. A diferencia de otras fechas comerciales o masivas, el día de la mujer no surge desde el capitalismo, surge desde la lucha social, el cuestionamiento interno a los partidos y, fundamentalmente, del movimiento feminista.

Sin embargo el capitalismo liberal logró transformar la lucha de las mujeres por romper la opresión en una rosa – o dos -, o un par de zapatos, o un perfume importado, o clases de maquillaje, yoga, spinning, o un día de spa. Mínimo este accionar comercial y mediático tiene que causar cierto estupor, y hasta admiración. Es inevitable asombrarse pensando que una de las peores tragedias que se recuerdan en la historia termine resumida en una superficialidad tan maravillosa.

No hay que descartar que esta conquista simbólica del significante que logró el sistema capitalista, o sigue intentando lograr, no es casual. Es justamente porque el movimiento de mujeres –o feminista- es una de las fuerzas más masivas, internacionalistas e insoportables con la que el sistema tuvo que lidiar en este último siglo. Las mujeres tenemos la tendencia a reunirnos, a charlar una con la otra, a movernos, incluso a amarnos –sexual y no sexualmente- y a través de eso a salir a la calle a luchar. El movimiento de mujeres da la discusión en todos los espacios, tanto los partidarios -de izquierda con intensidad y de derecha con mayor dificultad- como los sindicatos, los movimientos sociales, las ONGs, las escuelas, los hospitales y hasta las fuerzas de “seguridad” o los espacios empresariales. Este accionar constante, a veces organizado intelectual o radical y otras profundamente individual y visceral, es una piedra en el zapato de quienes bregan que la política –que es lo mismo que decir lo político- tiene que desaparecer.

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La particularidad argentina

Este año en la Argentina nos permite ver esta lucha subterránea de una forma completamente translúcida. Por un lado, el gobierno electo que promueve la “despolitización” de los espacios crea actividades comerciales y esquemáticas para “festejar” el día de la mujer, mientras que el movimiento feminista – que moviliza entre 20.000 y 60.000 mujeres por año, de todo el país- sale a la calle a reclamar por la inflación, los despidos, el vaciamiento de programas estatales, la creciente represión a la protesta social y la liberación de Milagro Sala. Esto sucede sin sacar de la agenda la violencia de género, los femicidios o el reclamo por la legalización del aborto. Este movimiento no se queda en reivindicaciones “propias”, sino que entiende –por historia- que la hambruna del pueblo se condensa en la muerte de mujeres. Las mujeres que murieron hace 105 años en una fábrica de Nueva York murieron por la explotación laboral, se quemaron vivas porque eran mujeres explotadas laboralmente, y si hacemos cuentas simples, podemos entender que cuando hay desigualdad quienes sufren más esa explotación laboral van a ser las mujeres.

Si las mujeres por igual labor siguen cobrando menos, la baja de salarios o los despidos caen primero sobre cuerpos de mujeres. Si las mujeres tiene menos acceso a la salud, cuando hay recortes en salud pública las primeras que van a quedarse afuera son las mujeres. Si hay menos mujeres que acceden a la educación, cuando la educación se vuelve un privilegio quienes primero se quedan en la casa “ayudando” son las mujeres. Si hoy las mujeres tienen menos lugares de poder en los movimientos sociales por el propio machismo de las organizaciones que ven su empoderamiento de forma amenazante, cuando empiecen a perseguir a referentes, las primeras presas van a ser mujeres.

¡Libertad a Milagro Salas!

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*Militante de La Fulana y Coordinadora del Observatorio de violencia entre y hacia lesbianas y bisexuales

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