VERO MENDOZA, LA SORPRESA DEL PERÚ

Así como el Podemos español se inspiró en los populismos latinoamericanos de los últimos años, la experiencia de las nuevas izquierdas europeas ha calado en una alternativa en el Perú. El domingo todas las miradas de la Región estuvieron puestas allí, donde hubo elecciones presidenciales. Más allá del triunfo de Keiko Fujimori que llegó primera a la segunda vuelta, en este proceso electoral emergió Verónika Mendoza, del Frente Amplio, que parecía poder acumular un capital que nadie aprovechó en uno de los dos países que permanecieron a la derecha en los años en los que el continente se inclinó a la izquierda, y logró decir que no al ALCA, por ejemplo. Vero Mendoza obtuvo el 16,57% de los votos y se consolidó en el tercer lugar.

Por Vanina Pasik

La hija del ex dictador Alberto Fujimori obtuvo el 39,18%, frente al 24,25% de Pedro Pablo Kuczynski, quienes se medirán el 5 de junio en el balotaje. Keiko habría ganado de la mano de la antipolítica, apelando a cierta memoria de “años de bonanza” que acompañaron al gobierno poco democrático de su padre.

En tercer lugar quedó Vero Mendoza, que ganó su banca de diputada por el partido de Ollanta Humala, pero al poco tiempo se alejó, a raíz de un escándalo con las mineras, en el que se mezclaban, de un modo poco claro, la corrupción, la matriz neoliberal y el descuido de la naturaleza. De todas formas, aún perdiendo, Mendoza no deja de ser la novedad de estas elecciones, con una alianza frentista que logró reunir a todas las expresiones de izquierda y progresistas de su país.

veronica mendoza moviliza

Desde 1998, con Hugo Chávez como punta de lanza, América del Sur tuvo un giro a la izquierda, al que se fueron sumando Luis Inacio “Lula” Da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, el Frente Amplio de Uruguay, etcétera. Es cierto que caso chileno es un poco más complejo, y fue poco el tiempo que Fernando Lugo pudo conservar el poder en Paraguay, pero a grandes rasgos la región comenzó a consolidar un bloque que se resistía a aplicar en sus territorios a los designios que se emanaban desde Washington, y muchos pudieron comenzar a esgrimir proyectos populares para sus países.

Sin embargo, los dos países en los que se vivieron intensas guerrillas entrados los 80, Colombia y Perú, lograron mantenerse al margen de esta tendencia. Las experiencias de las FARC y de Sendero Luminoso fueron bien distintas, y también los modos en que fueron reprimidas desde los Estados, pero esta coincidencia no puede pasarse por alto. Este dato condicionó al lugar que pudo hacerse la izquierda en comparación con el resto de los países de la Región.

Por eso Verónika Mendoza hace ruido. Si hubiera alcanzado a la segunda vuelta, si su juventud y su retórica se hubiesen podido polarizar con esa derecha joven y estirada que representa Keiko, tal vez hubiese sido posible entusiasmarse con el inicio de una segunda oleada, justo en el momento en que el resto de los países latinoamericanos viven un “fin de ciclo”, o se encuentran con problemas para sostener sus proyectos nacionales con inclusión social.

No fue el caso. Pero algo ha quedado instalado. En los últimos 30 años no hubo en Perú nadie que llegara a expresar las ideas que esgrimió la candidata del Frente Amplio. Todo este tiempo, Perú fue la casa de los norteamericanos, con la Alianza del Pacífico, junto a Colombia y Chile. Verónika es joven, universitaria, se asemeja a los españoles del Podemos. De hecho, un video de su campaña, cierra con el apoyo del candidato español Pablo Iglesias.

La antipolítica  

Ollanta Humala también había aparecido por fuera de los partidos tradicionales, lo que hizo pensar en su momento que se podría sumar al eje antiimperialista del continente. Pero no lo hizo. No tuvo intensiones de hacerlo. Durante su gobierno tampoco cambió la matriz neoliberal de producción de materia prima para el mercado mundial. Se fue alejando cada vez más del discurso rebelde de su campaña. No logró redistribuir nada, apenas implementó un manojo de planes sociales, sin lograr cambios. De hecho, en términos internacionales, se estableció en el eje del Pacífico. Y los resultados fueron los mismos que lo de todos los presidentes de su país: llegar al final de su mandato con la popularidad por el piso.

En Perú no está permitida la reelección, pero Ollanta ni siquiera logró poner un candidato propio.  Ollanta fue gestionando su gobernabilidad con las corporaciones y las elites, pero no tanto de cara a la ciudadanía. Tiene apenas un 14% de aprobación. Tampoco habían podido instalar a sus sucesores Alan García o Alan Toledo. Aunque de todas formas, García recuperó el alto mando casi 20 años después.

ollanta humala

Tal es la antipolítica que reina en uno de los dos países cuyas elites lograron mantener al margen de los vientos populistas que comenzaron a soplar en 1998. Y Verónika Mendoza se diferenciaba de todo lo anterior, porque viene desde afuera de las elites políticas, en un país que siempre osciló entre una derecha nacionalista o una derecha liberal. Se reunieron todas las fuerzas anti neoliberales en un mismo espacio. Incluso sectores del gobierno de Ollanta, que no tenía candidato, la apoyaron. Otra parte del gobierno declaró públicamente que no la votaría. Hubo escándalo. Estuvo en boca de todos.

El techo de los universitarios

Nuevamente el dilema es entre dos derechas, una más ligada al capital financiero, la de Kuczynski, y la derecha de Keiko, con un discurso más securitario y nacionalista, para restaurar el dilema de siempre. Vuelve a correr la pregunta de Mario Vargas llosa, de ¿Cuándo se jodió el Perú? Se jodió hace mucho tiempo, con Vargas Llosa incluido, con los paraísos fiscales y su prédica en contra de las experiencias populares.

keiko 2

La alternativa que ya no va a estar, con su agenda de izquierda, popular en términos de votos, de género, ecologista, socialista, con más lugar para los que menos tienen, viene en línea con lo que es el fenómeno de Podemos en España. Es paradójico que surge inspirada en estas nuevas izquierdas europeas y no por lo que pasó en América. Es extraño. Podemos de España se inspira sobre todo en Bolivia y Ecuador, y también en la Argentina y  Venezuela, y ahora vuelve en espejo, e inspira el surgimiento del Frente Amplio en Perú.

Ahora las preguntas: ¿Pueden estas alternativas superar el 20% de los votos? ¿O son movimientos de clase media universitaria que logran participar de la escena pública y ser competitivos pero nunca ganar? ¿Alcanza con eso? ¿Hay un futuro? ¿Hay un horizonte más allá de esas clases medias progresistas? El kirchnerismo, si profundiza su política de las Plazas con convencidos, ¿podría encontrar ese mismo techo? Tal vez la fórmula del Podemos español alcance apenas para transformarse en una tercera fuerza.

La gran incógnita en todo caso, sigue siendo cómo se construye mayoría electoral, y la pureza de las alianzas necesarias para enfrentarse a las elites que gobernaron la región desde la colonización española.

 

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