CONFUSIÓN Y CORRUPCIÓN: LA RIMA DEL PODER

Fue una semana movida. Cuando el Gobierno confirmó que no había alternativa y le llegaba el momento inevitable de ver en letras de molde el nombre de Mauricio Macri junto al de apenas otros cuatro presidentes en ejercicio en todo el mundo que ocultaban bienes en guaridas fiscales, sacó las cartas de su propio partido de truco.

Por Vanina Pasik y Carlos A. Villalba

Las derechas mantienen sus agendas de transparencia cuando son opositores, pero una vez en el poder se olvidan de la República y restauran el Estado para su propio beneficio. A la sombra quedan los proyectos políticos que cada quien encarna. Al “PanaMacri”, como tituló Página 12, a “The Panama Higienol”; como lo llamó VaV, intentaron disimularlo bajo el barro de la palabra “corrupción”.

El ex secretario de Transporte Ricardo Jaime fue preso de apuro por causas de mucho menor peso por las que está enjuiciado y sentenciado y seguía en libertad. El empresario Lázaro Báez siguió el mismo camino, cuando volaba hacia la ciudad en la que debía declarar 48 horas después, fue detenido por “falta de plan de vuelo”, en un operativo de circo y televisión. El escándalo mundial intenta ser tapado también por el fiscal Guillermo Marijuan, que solicitó el sábado por la tarde la imputación de la ex presidenta.

Es un juego peligroso cuando no lo juegan los ángeles. Entre los cuadros de conducción de los grupos económicos de la oligarquía argentina, esas corporaciones que desde el 10 de diciembre de 2015 sentaron a sus gerentes en cada uno de los ministerios de la Nación, no se conocen ángeles. Más bien integran una larga lista de empresarios acusados, denunciados, procesados o imputados -como ahora Macri hijo-, a lo largo de todos los tiempos de la Nación saqueada.

La palabra corrupción surge de la fusión del prefijo “co”, que significa cooperación, una práctica entre dos o más personas, con la palabra romper. La “corrupción privada” hace referencia al sector privado, a las grandes empresas y organizaciones que, a través de distintos mecanismos buscan aumentar sus ganancias a costa de sus clientes, principalmente evadiendo al Estado.

Como legislador y fiscalizador, el Estado genera cargas impositivas y legislaciones que regulan, por ejemplo, la competencia o las distorsiones en los precios provocadas por las superganancias de determinados productos de exportación. Ante esto, muchas empresas del sector privado optan por realizar prácticas ilegales, elusivas, que van desde el contrabando o el pago de sobornos a los agentes recaudadores, hasta la “fuga de capitales”, el envío al exterior de activos, girados a través de canales que proveen los grandes bancos internacionales hacia las guaridas fiscales, como las que usa el estudio Mossack-Fonseca. Los traficantes de armas, drogas, diamantes, los tratantes de personas, usan el mismo camino, sus fortunas descansan en el nido de al lado, muchas veces, desarrollan actividades en conjunto.

Que los ricos no tienen escrúpulos, es sabido, lo que muestran, los “Panamá Papers”, una vez más, es que cuentan con las más sofisticadas herramientas para esconder sus fortunas, no siempre legalmente alcanzadas, y evadir impuestos. Mossack Fonseca blanqueó más de 200 mil empresas fantasma en guaridas fiscales. La voracidad del capital no es novedosa, tampoco la del Grupo Macri.

No todo es igual

Mientras las mesas del poder afinan los números de negocios como la privatización del Fútbol para Todos o el monto de las comisiones que se van a llevar los siete bancos que tendrán a su cargo la operación de endeudamiento externo para pagarle a los fondos buitre, seleccionados por el JP Morgan que maneja la economía argentina, que casi en su totalidad aparecen como actores estelares de los Panamá Papers, en las pantallas de la noche televisiva se “habla todo”, se muestra el rodete de Leonardo Fariña y se ocultan los movimientos financieros de la familia presidencial.

Tampoco se dice que entre las empresas salpicadas por el escándalo figura Agea Inversora SA, que tiene como presidente y director al CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, además de a otros dos integrantes de la empresa multimediática argentina como José Aranda y Lucio Pagliaro, tesorero y secretario respectivamente de la compañía asentada en Panamá.

magneto aranda pagliario booth 01

Ni se menciona al presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, amigo del jefe del Estado argentino y blanco móvil de los disparos de Elisa Carrió, que lo acusa de traficar influencias en los ámbitos judiciales. Aparece como director/presidente de Corbalán Services Inc. que existe jurídicamente desde el 28 de mayo de 2014, a pesar de haber asegurado nunca abrió una cuenta en Panamá durante su gestión al frente del club xeneize.

Fernando Niembro, es otro tapado, a pesar de revistar “en carácter de presidente, director y suscriptor” de Three Lions SA, empresa conformada el 22 de julio de 2014, que al día de hoy figura como vigente, según indica en el sitio opencorporates.com.

Antonio de la Rúa, hijo del ex presidente Fernando es director de la empresa Supernova Productions Inc., activa desde la fecha de su conformación, el 17 de abril de 2008, con la característica especial de que lo acompaña como director y vicepresidente el actual ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido.

macri angelici

Se tira del hilo y no se termina de sacar nombres, nombres y más nombres. Cuentas de un rosario que se anuda a través de un sistema tan corrupto como confuso que permite, primero enriquecerse a costa del trabajo de los demás y a costa de las arcas del Estado y, después, ocultar el resultado de esas maniobras en guaridas ya cuestionadas por todos, entre ellos, por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Yo ni siquiera les digo guaridas fiscales, para mí son guaridas piratas, y así las mencioné ante los presidentes”, dijo Cristina una y otra vez. En la ONU, el G20 y en el Vaticano. Sin pelos en la lengua aseguraba que varios de esos refugios financieros tienen detrás a la banca estadounidense e inglesa, que siguen mostrando resistencia para reprimir su funcionamiento, y a grandes capitales de todo el mundo como beneficiarios de la evasión de impuestos y el lavado de dinero que involucran.

Papá
De una cuenta de Mauricio Macri en la Banca della Svizzera Italiana, en 1992, salieron dos transferencias por un total de 54,8 millones de dólares. El primer presidente argentino de la historia que asumió estando procesado, hoy imputado por el caso de sus cuentas “offshore”, “movió ese dinero por indicación de su padre, Francisco Macri, quien presidía la firma protagonista del affaire: la automotriz Sevel, de la que Mauricio era director”, tal como lo relata Julio Nudler en una de las joyas periodísticas de su vida, apagada el 27 de julio de 2005.

Al postularse para gobernar la ciudad de Buenos Aires, Macri trató de desligar su figura de los negocios de Franco, exactamente igual que lo hizo el pasado jueves 7, ahora desde la Rosada, cuando no le quedó otra alternativa frente a la decisión judicial de proceder a su imputación. En aquel momento aseguró que “la única actividad” que lo vinculaba al asunto era “la extracción de una suma de dinero de una cuenta de su titularidad por cuenta de su padre, Francisco Macri, la que manifestó haber efectuado en el carácter mencionado, asumiendo su padre la calidad de principal”.

Por aquellos días, la Comisión Nacional de Valores, calculó que el Grupo Macri defraudó a los inversores en 33,6 millones de pesos/dólares. Franco, jefe del grupo y Pater Familias, según la CNV, se hizo con 12,6 millones de pesos/dólares a través de la operación reprobada y Jorge Blanco Villegas, casado con la madre de Mauricio, de otros 4,2 millones.

Mauricio Macri heredaría una fortuna de doce millones de dólares de su tío tandilero, que la trianguló a través de una empresa en Islas Vírgenes, la Conklin Pacific Ltd, de la que fue director. Blanco Villegas, presentado como uno de los responsables de la fortuna presidencial, tuvo una empresa en Islas Vírgenes Británicas entre 1997 y 1998, que terminó siendo vendida en por 11,9 millones de dólares, buena parte de los cuales fueron heredados por el hijo de su hermana, quien debió confesar en 2012 que su patrimonio se había incrementado un 84% durante ese período fiscal, según la explicación los voceros del entonces jefe de Gobierno porteño.

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La teta del Estado
En todos los escándalos, bajo diversos gobiernos, estuvo involucrado el Grupo Macri. Con el acuerdo firmado el 30 de diciembre de 1988, a fines de la presidencia de Raúl Alfonsín, el Grupo se comprometía a construir una planta de tratamiento de líquidos cloacales e industriales con capacidad para servir también a Tres de Febrero, San Martín, General Sarmiento, Tigre, San Fernando y San Isidro.

Juan Carlos Rousselot era intendente del viejo Morón, del que también eran parte Hurlingham e Ituzaingó. Mauricio Macri tenía 29 años y era el representante de Sideco, empresa contratada para extender la red cloacal. La obra rozaba los 400 millones de dólares y alcanzaría los 1000 millones, financiados.

macri rousselot
El contrato fue rescindido 70 días después, el 1º de marzo de 1989. Habían prescindido de las leyes, como la necesaria aprobación del Concejo Deliberante para tamaña obra, las tarifas presupuestadas eran excesivamente altas, y el municipio se comprometía a cubrir con fondos públicos durante 22 años el 20% de lo que pudieran adeudarle a la empresa los propietarios morosos. La cifra podía ajustarse hasta el doble del índice de precios, en épocas de la hiperinflación. Cero riesgo empresario.
En los 90, durante la presidencia de Carlos Saúl Menem, los Macri fueron parte de la estafa al Correo Argentino. Quebraron la Sociedad Anónima que debía brindar el servicio postal. La empresa entró en convocatoria de acreedores en septiembre de 2001 por una deuda de $ 900 millones. El 69,2% de las acciones estaban en manos del Grupo Macri, el 14% en las del Banco Galicia y el 5% en las de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial. La privatización del servicio postal, firmada el 1º de septiembre de 1997, obligaba el pago de un canon semestral de 51,6 millones de pesos al Estado. Pero, al poco tiempo el grupo liderado por Franco Macri dejó de pagar sus compromisos, tomó deuda para inversiones que luego fue usada para “retiros voluntarios” y echó a 10.900 trabajadores.

Además, el grupo empresario se había visto beneficiado por la estatización de las deudas privadas durante la dictadura. Y no es todo: cuando el ex empleado del Grupo, Carlos Grosso, llegó a la intendencia porteña, se extendió el contrato de recolección de residuos de Manliba, que había comenzado diez años antes, en 1979, a pesar de los incumplimientos y de los excesivos costos del cambio del sistema de barrido manual al mecánico, incluso comparando los costos con los servicios prestados por Cliba. Y encima Itron, empresa en la que participaba el grupo, se quedó con la privatización del servicio que facturaba el ABL y el impuesto automotor, con un contrato de 10 millones de pesos anuales.

Cuando Macri era presidente de la automotriz Sevel, fue procesado por contrabando, en 1993, por hacer negocios triangulando con Uruguay para evadir el pago de impuestos. En 2002, cuando Eduardo Duhalde pesificó las deudas de las grandes empresas, el Grupo integrado por Correo Argentino, Sideco y Socma recibió de forma indirecta cerca 200 millones de dólares: fondos públicos para cubrir sus deudas. La enumeración no tiene fin.

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