DESACOMODANDO LA BIBLIOTECA: ENTRE DESPIDOS Y POLICÍA

La biblioteca Nacional, Mariano Moreno, ubicada en el barrio de Recoleta es otro foco más del ajuste en la cartera de Cultura por parte de la alianza Cambiemos. 240 trabajadores despedidos sin notificación formal por parte del nuevo directorio del edificio. Móviles de la Policía Federal rodearon las inmediaciones hasta hace algunas horas.

Por Marianela Nappi

El ex Palacio Unzué, quien fuera el histórico domicilio donde Eva Perón pasó sus últimos días de enfermedad, hoy, la conocida Biblioteca Nacional, fue durante los últimos días un nuevo foco de inyección de las políticas de ajuste de la nueva administración de Cambiemos.  De acuerdo a lo comentado por una trabajadora del edificio – quien pidió mantener la discreción de su identidad -, esta situación “ya nos la veíamos venir,  ya que el Ministerio de Cultura fue uno de los más afectados. Estamos en movilización permanente hace más de dos meses”. La cartera de Cultura, ha sufrido, desde la toma de mando de Mauricio Macri, el vaciamiento de programas de alcance federal y la recientemente reducción del 25% de la planta de empleados, según confirma el último comunicado de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

La biblioteca Nacional amaneció con varios móviles de la policía federal que estaban aguardando en el estacionamiento del edificio. “Cuando los trabajadores empezaron a ver esta situación hubo alarma. La seguridad de la Biblioteca les pidió que se fueran porque no tenían autorización para ocupar el predio, se retiraron y se quedaron en las inmediaciones hasta hace un rato” cuenta Emiliano, trabajador y afiliado a ATE en comunicación con VaV. Y continúo, “los directivos de la biblioteca están desaparecidos, están acá adentro, pero no se  hacen cargo de nada”.

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Ediciones BN, Dirección  de Cultura, Comunicación y el Museo del Libro y de la Lengua, fueron las áreas donde más se hizo sentir el desguace. También, “Adquisiciones, Archivos y Colecciones o el proyecto de inventario y  digitalización del enorme archivo Crónica fueron también víctimas de los  despidos, lo cual pone en crisis el funcionamiento de los mismos”, menciona la circular del sindicato.  Frente al pedido de explicaciones, por parte de los trabajadores, que a su vez reclaman la falta de firma de algún funcionario del directorio del edificio, con la que fueron emitidos los telegramas, ya que los mismos solo dicen “Biblioteca Nacional”; la nueva administración envió un comunicado oficial en el que se destaca, a forma de generar algún tipo de ¿justificación? que “la Biblioteca Nacional, que en 2005 contaba un plantel de 306 trabajadores, ha visto crecer su personal de manera constante a lo largo de la gestión de diez años de su último director, Horacio González, hasta llegar a los 1048 actuales”. Otra vez, la misma lógica que primero se repite como tragedia y luego como farsa: la  “sobre-abundancia” de recursos humanos.

Durante el fin de semana, los trabajadores despedidos en solidaridad con los que aún no los fueron, realizaron una jornada de pintadas de carteleras para ir calentando motores para la próxima reunión pactada con el ministerio de Modernización el día de mañana. De acuerdo a lo mencionado por Emiliano por el tiempo entre los despidos y en que Modernización accedió a tener una reunión sobre este tema fue bastante rápido, en este sentido si bien los  lo los trabajadores están nerviosos y movilizados han colocado cierto nivel de expectativa en este diálogo”.  Los tres sindicatos (UPCN, ATE y SOEME) irán a negociar en conjunto en representación de todos los trabajadores, lo que fue caracterizado, por parte de los trabajadores, como algo positivo teniendo en cuenta las diferencias que existen entre las gremiales.

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La pesada herencia

Marcos Padilla, es el interventor que, desde hace dos meses, fue designado por el Ministerio de Cultura a cargo de Pablo Avelluto y es el mismo que ha llevado adelante políticas de ajuste y vaciamiento en el Teatro Colón.  Sin embargo, se espera que en Julio, quien asuma el puesto del ex director Horacio González, sea Alberto Manguel, cuando termine de “solucionar compromisos personales en su país de residencia, Estados Unidos”, mencionaron desde la cartera de Cambiemos. Mientras se espera que el funcionario regrese al país para tomar las riendas de la Biblioteca Nacional, quien está al frente es la subdirectora Elsa Barber, quien pertenece al directorio desde el 2007.

Sede de encuentros de la conocida organización Carta Abierta, presentaciones y muestras culturales de renombre, escuela de bibliotecarios y archivos históricos, entre otros, la Biblioteca sufrió el desmantelamiento de su planta de trabajadores: contratados como planta permanente, contratos de locación, que oscilan de una antigüedad que va de 1 a 15 años, fueron cesanteados sin motivo alguno, como los más de 40 mil trabajadores que ya se suman al sospechoso efecto de “generación de empleo” que pavonean los líderes PRO en los distintos medios de comunicación.

“Por la Biblioteca Nacional”

El fogoneo comenzó hace algunos fines de semana. A través del diario La Nación, intelectuales de diversas corrientes  políticas se unieron en una solicitada en defensa del edificio y de sus trabajadores. Todo parecía vaticinar lo que sucedió dos días después en el edificio de Agüero y Las Heras.

Ricardo Piglia, Néstor García Canclini, Pablo Alaberces y un gran variopinto de intelectuales, encabezados por una propuesta de Beatriz Sarlo hicieron circular una carta en la que manifestaban su “preocupación” por la Biblioteca Nacional y solicitaron a las autoridades de la cartera precaución en el tratamiento de una institución que, en los últimos años, no sólo se orientó a preservar, acrecentar, registrar y difundir la memoria impresa de la Nación sino que a la vez fue un espacio de pluralismo y libertad de pensamiento“.

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Por su parte, días antes de la circular, el ex director de la Biblioteca Nacional, en comunicación con Radio Gráfica manifestó que “la Biblioteca fue un sector crítico, promoviendo horizontes de trabajo que ponían en juego los cimientos del estado clásico o burgués. Es una Biblioteca Nacional de lectura e investigación crítica de la cultura y la política. Una Biblioteca pública, democrática, profunda, lúcida, capaz de investigar la ruptura argentina con todas sus corrientes de debate y las pusimos a debatir entre sí”.

“Hemos recibido solidaridad de enormes cantidades de figuras del arco político, intelectual, de organizaciones sociales, que están esperando que nosotros marquemos un poco el camino para apoyarnos llegado el momento que tengamos que hacer algo más público”, contó Emiliano.

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