CHE, CARLITOS: LOS PIBES SE AMAN*

(Por Roma Barrientos) Carlos Tevez, ídolo popular, nos dice que en el barrio se cachetea. Siempre y en todos los casos. Que en el barrio se aprende a no doblar la muñeca. Que el barrio corrige todo aquello que pretende desviarse. Detrás de sus palabras no sólo encontramos homofobia recalcitrante, evidente y repudiable, también encontramos la reproducción de una imagen de barrio irreal, homogénea y heterosexual que no deja de anular la voz (y los sentires) de los villeros y las villeras. ¿Qué pasa con esta anulación del deseo disidente? ¿Acaso no existen villeros/as maricas y tortas? ¿Qué imagen de la villa y sus habitantes nos sirve construir y por qué?


Edward Said en su texto Orientalismo plantea algunos mecanismos de poder que pueden ser desplegados con el fin de anular a un Otro que se pretende dominar. Enumera, entre esos dogmas, la homogeneización de esos sujetos. Es decir, la construcción ficticia de una imagen congelada, eterna e idéntica a sí misma que pretenda dar cuenta de la realidad de esa población. Esa anulación de la diversidad consigue que veamos a ese Otro siempre del mismo modo, siempre desde una mirada ajena. Said habla de cómo Occidente mira a Oriente y nos lleva a preguntarnos por qué cada vez que pensamos en Arabia sólo se nos ocurre imaginar odaliscas sensuales y jeques millonarios fumando pipas extrañas. Apuesto lo que sea a que Arabia no es tan así. A que hay mucho más que camellos atravesando un desierto hostíl al lado de señores feudales. Que la representación que habita nuestro imaginario sea única y eterna no es un hecho inocente.

En el caso de los villeros, la vigencia de este dogma se puede comprobar a un simple click de control remoto. Ponemos un noticiero y rápidamente comprendemos: los villeros son violentos, machistas, ignorantes, chorros y por supuesto y sin dudarlo, heterosexuales. Siempre y en todos los casos. También hay pseudo-jeques y odaliscas pero en lugar de camellos sobre un desierto hostil y terrorista, el escenario es de cumbia, cocinas de paco y violencia en casas de chapa. El tiempo en las villas tampoco pasa.

Los pibes viviendo en la calle, los cartoneros. No se transforman ni se adaptan. Ellos no aman, no desean. O lo hacen como lo hacen las bestias, por instinto y heteronormativamente. Esa es la imagen que predomina en nuestro imaginario colectivo. Pibes pasados por la falopa, choreando.

¿Los villeros regalan chocolates y flores? ¿Tienen citas? ¿Los hay homosexuales?

Silencio. Vacío.

El barrio y la ciudad. Ellos, los del barrio que cachetean y enderezan. Nosotros, del otro lado de la frontera: complejos, dialoguistas y humanos.

Este dogma del que habla Said es una estrategia que permite anular al otro para poder controlarlo, poder eliminarlo sin culpa. Esta anulación de la pluralidad nos permite deshumanizar. Por su parte, Judith Butler explica que esta desrrealización subjetiva tiene en primer lugar una pata discursiva vinculada a la reproducción simbólica de un otro cuya vida no es valiosa. Y en segundo lugar, su contraparte física en el momento en que esas vidas anuladas, homogeneizadas, deshumanizadas pueden ser violentadas y hasta eliminadas sin culpa porque aquellos dispositivos homogeneizadores sucedieron para que no seamos capaces de empatizar con esos seres tan ajenos, violentos, amenazantes y bestiales cuyo deseo no es concebible para nosotros. Esa muerte no vale la pena porque esa vida no la valía.

Entonces, la cuestión se agrava. Parecía ser un simple comentario de un simple futbolista lo que me trajo hasta acá. Sin embargo, resulta que hay muchísimo más que un chiste o un fallido poco progresista. Detrás de ese comentario hay toda una estructura ideológica colonialista y patriarcal funcionando que debe ser señalada, juzgada y contrarrestada.

¿Contrarrestada? ¿Cómo?

¿Qué es lo que se hace cuando un referente de la cultura popular reproduce de este modo los estigmas que siguen deshumanizando a los villeros y las villeras? Pensé mucho y la mejor respuesta que llegó a mí fue: IOSHUA. Se le responde con Ioshua, aquél poeta, ilustrador y músico que nació y murió en el Conurbano y llenó de amor y deseo marica las páginas de sus libros. Artista que supo describir como nadie los amores y desamores de los pibes de barrio y sus vínculos homoeróticos, quebrando con la configuración hegemónica del imaginario social que excluye a los subalternos de la posibilidad de amar y ser amados.

Said explica que la omisión de la literatura propia de las regiones que se pretende controlar es otra de las formas de anular la voz de esos sujetos. No leer poesía villera, no acceder a sus creaciones audiovisuales, no consumir el arte que se gesta en los barrios es uno de los modos de creer que quienes habitan ese espacio no sirven para nada. Ni desean, ni sueñan, ni sufren, ni aman. Tampoco escriben o hacen poemas.

Pues bien, Carlitos te tengo una mala noticia. Quizás no te hayas enterado pero en los barrios también hay varones que aman a otros varones. Mujeres a otras mujeres. También hay varones que tienen sexo con otros varones. Mujeres con otras mujeres. Y muchas y diversas formas de relacionarse sexoafectivamente aunque a vos te parezca que no y que el potrero todo lo borra. También me complace informarte que ni vos, ni los noticieros, ni ningún comentario homofóbico más podrán contra esas identidades disidentes y sus orgullosas expresiones.

Pero como no quiero que aprendas esto a los cachetazos porque nada bueno se aprende así, te regalo unos poemas muy hermosos que nacieron en un barrio igual que vos y dan cuenta de una realidad villera muchísimo más compleja y enriquecedora que la que reproducen tus desafortunados comentarios.


AMOR EN BICI

Ay guacho, como tira este corazón. Vos sos mi verdadero vicio, en serio, lo otro… lo otro es pena.
Loco, lo tuyo es tan puro como la más pura. Ay por mi viejita que yo no sé que mierda me pasa con vos pero si tu corazón se queda conmigo en esta pieza… a la mierda con todo. Yo con vos me meto entero hasta las bolas. Ay, por vos guacho, no voy a tener miedo ni ahí… ni un poco… nunca más.
Ay loco… si. Así de jodido es este amor. Pero yo, como cualquier otro, solo quiero lo que cualquier pibe quiere en esta re puta vida: que al menos una vez, una tarde, venga a buscarte el varón que te gusta para llevarte a pasear en su bici y tomar una birra hablando giladas y dar vueltas por ahí.
El amor, posta, se siente como ir sentado en el caño de la bici del pibe de tus sueños. Si. Así. Sintiendo su pecho cumbiero hinchándose en tu espalda y su voz… su voz humedeciéndote el alma y canchereando al pedalear.
El sol y el vientito de frente. Todo re tranqui… sin apuros… si total, después cojemos toda la noche en mi pieza.

Si. Si loco. Ya sé. Así es como jodidamente se siente todo este jodido amor.
Ay guacho. Ay por mi viejita que yo te quiero conmigo… para todo. Para lo que dure. Para lo que aguante. Para lo que pinte. Para lo de siempre.


CÉSAR DE QUILMES

César, tu reino será una parada del 237 en una esquina de Liniers.
Habrá una enorme corona sobre tu casa
y tus besos serán un don de reos.

Tú serás mi rey por solo un rato
y yo seré tu súbdito por lo que dura un trago.
Te besaré llorando por dejarte ahí entre los fuegos de artificio en navidad.
No puedes venir conmigo.
A mí me llevan a otro reino y jamás volveré a verte.

César,
Aguardaré cada día a que mandes una carta y también me enamoraré del mensajero.


YA NI TE ACORDÁS

Quería agarrarte de la mano pero hubiera sido para bardo.
Quería darte un beso pero hubiera sido para bardo. Quería tenerte como antes pero hubiera sido para bardo.

Quería hacerte vibrar hasta llorar como antes pero hubiera sido para bardo.
Hoy te veo con ese gil y pienso que ese loco que te lleva con él es el hombre más afortunado de este mundo, chavón.


LA MANO DE DIOS

En mi barrio
nada es más importante
que un pibe sin remera
sudando a mil en la canchita humedeciendo todo el short de fulbito

adidas blanco, obvio guachín, bien blanco. Nada es más importante para mí
que ese cuerpito atorrante
brillando de tan agitado

corriendo
llevando ese bulto atorrante
brillando de tan furioso
al frente, obvio guachín, bien al frente.
Nada es más importante un domingo
que ese flaquito sin remera
sudado
brillante
agitado
pasando de a ratos su mano por el bulto.
Yo lo miro y sé
que esa mano atorrante con la que arrulla de a ratos su bulto, esa…
esa es la mano de Dios.


A LA GILADA NI CABIDA

Vivir
como vive un pibe de barrio.
Llorar
como llora un pibe de barrio.
Amar
como ama un pibe de barrio. Chuparla
como la chupa un pibe de barrio. Entregar la cola
como la entrega un pibe de barrio. Soñar
como sueña un pibe de barrio. Decir la verdad
como la dice un pibe de barrio. Decirle en la cara todo lo que sentís como lo dice un pibe de barrio. Comerle la boca
como se la come un pibe de barrio.

A él podés decirle cualquier gilada pero él no se engancha niai

porque él mejor que nadie sabe que “a la gilada ni cabida”.

Si te gustan, Carlos, podés llevarlos a China o a Europa. O leerlos en el vestuario del club con tus compañeros para que aprendamos todos juntos desde el arte que el barrio es bastante más que la homofobia y los golpes de los que hablas. El autor de ellos se llama IOSHUA, googlealo.


* Nota publicada originalmente en Revista Wacho

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