NOS VEMOS EN LA CALLE

Por Zuleika Esnal / Fotos: Gabriela Manzo

No nos queremos sangrando.
No nos queremos de luto.
No nos queremos muertas.
No nos queremos huérfanas.
No nos queremos de negro, ni de bronca, ni de miedo.
No nos queremos rogando llegar a salvo a donde sea que tengamos que llegar.
No nos queremos sucias de semen con la traquea hundida.
No nos queremos en fotos donde aparecemos vivas mientras nos buscan los perros siguiendo el rastro de una remera en la ruta.
No nos queremos sabiendo a nuestras madres aullando las hijas que no vuelven.
No nos queremos en fotos.
No nos queremos en morgues.
Nos nos queremos en cifras que no le importan a nadie.
No nos queremos en autos sin patente.
En combies del horror, en camionetas blancas.
No queremos nuestros huesos en bolsas de consorcio.
No nos queremos tapadas de cal.
No nos queremos ardiendo, la carne quemada, el asesino libre, los mierdas de siempre.
No nos queremos a merced de ninguna policía haciendo la vista gorda de lo que pasa y acá no ha pasado nada.
No nos queremos zafando.
No nos queremos con suerte.
No nos queremos caminando rapidito, mirando a los costados, corriendo por las dudas.
No nos queremos teniendo que explicar la minifalda, el horario, los amigos.
No queremos ser las putitas de nadie.
No nos queremos “calladita la concha de tu madre”.
No nos queremos “donde ibas, que hacías, vos también…a esa hora que querés…¿que no te violen?”
Sí, maestro: QUE NO ME VIOLEN QUIERO. ¿Es mucho pedir?
No queremos más ser la carne de este cañón de impunidad.
Somos personas carajo.
Merecemos respeto.
No merecemos esta vida que hoy estamos mendigando como si fuera un favor.

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No les debemos nada y nos están debiendo mucho.
Nos deben la justicia.
Nos deben dignidad y explicaciones.
Nos deben la alegría.
Nos deben Micaela. Nos deben Araceli. No deben Higui libre.
Nos deben todas las que no salen en la tele.
Nos deben las pobres, las sin nombre, las que nadie busca, las que a nadie tienen, las pibitas que ayer limpiaban vidrios y hoy están en alguna wiskería hasta que dejan de servir y derechito a la zanja.
Las desaparecidas de hoy.
Las negras de mierda.
Las putas del comisario.
Las que volvían del colegio.
Las violadas por delante. Por detrás. Por uno, por dos, por treinta.
Nos deben las muertas.
Nos deben las vivas.
Nos deben, señores.

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Y mientras sigan en deuda, seguiremos en la calle.
Cada vez más.
Cada vez grito.
Cada vez UNA SOLA hecha de miles.
Multiplicándonos.
A puro ovario y desamparo.
Teniéndonos.
Haciendo por otras lo que querríamos por nosotras si no estuviéramos acá:
Gritá mi nombre.
Alzá mi foto.
Acompañá a mi mamá.
NOS VEMOS EN LA CALLE.

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