LA POLÍTICA EN TIEMPOS DE LAS CORPORACIONES: CORRUPCIÓN

La corrupción -del corruptor y del corrupto- es algo intolerable, cualquiera fuese su forma o el supuesto destino de los beneficios obtenidos con ella. La política no es un acto corrupto sino una herramienta de transformación de la realidad. Con esas dos afirmaciones podría darse por concluida esta columna, redactada y publicada en tiempos de imágenes cargadas de chalecos antibalas, fajos de dólares emplasticados, funcionarios aprovechando la volteada para tapar los trapos sucios de su modelo que ya condujo a mayor pobreza en cortísimo plazo, y de figuras políticas, sociales, artísticas, expresando dolores, sorpresas y hasta “autocríticas” a partir de esos hechos. Tal vez… podría agregarse que es falso enlodar el escenario completo para intentar demostrar que “todos” son corruptos, los coimeados y los que contrabandean, coimean, evaden impuestos y, ahora, administran el Estado en beneficio de los grupos económicos. Es falso, una cosa son las conductas de las personas y otra, muy diferente, las características de un sistema económico basado en apropiaciones e injusticias.

Por Carlos A. Villalba

Sin embargo, intentar hablar sobre política “en tiempos de las corporaciones” exige extender bastante más el texto. Ante todo, para dejar clara la primera afirmación, que conduce a los recursos necesarios para “hacer política”, un concepto fallido desde su propia construcción. “Hacen” política los profesionales de ella; las definiciones de la Real Academia lo constriñen a prácticas minoritarias o demasiado pasivas como la “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos” y al “ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. Es decir, el que aspira a los cargos o el que la mira por TV.

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Graffiti en Londres. Pichi y Avo, proyecto Urban Icono Mythology

Todo lo que debiera expresarse es que “la política”, en particular en términos de superestructura y   vista desde ese recorte, está diseñada para que solo puedan transitarla los poderosos. Fuera del corsete de los diccionarios y el rechazo liberal a esas prácticas -que llega a usar el concepto “político” como forma de descalificación de las acciones organizadas del pueblo y convierten las suyas propias en hechos “apolíticos”, naturales e inevitables- la actividad política de los sectores populares transcurre lejos de la acumulación del capital y cerca de sus propios esfuerzos por construir un proceso que va de lo pequeño a lo más grande, de lo más simple a lo complejo, desde abajo hacia arriba, características que permiten otro tipo de acumulación, la social, con participación y organización de los implicados.

Una historia diferente

El capítulo iniciado el 25 de mayo de 2003 contribuyó a ese proceso. Su expresión partidaria, sin embargo, fue derrotada doce años después. Muy por encima de los mecanismos de redistribución de rentas, que mejoraron enormemente la calidad de vida de argentinas y argentinos, la estructura económica impuso sus condiciones de concentración y extranjerización y sus corporaciones mantuvieron su flujo de fuga de capitales que hoy se calculan en más de u$s 500.000 millones fuera del país, prácticamente el total de bienes y servicios que la Argentina produce en un año.

 Ese monto abrumador de riqueza offshore, compuesta por valores declarados solo en un 10% y con cerca del 90%, de origen lícito o ilícito pero lisa y llanamente evadido, que ahora se podrá “blanquear” a precio de oferta y sin necesidad de repatriarlos, son los que llevan al país una y otra vez a la carencia de divisas, la vulnerabilidad de su mercado y la inestabilidad de sus gobiernos y las dificultades para encarar el desarrollo de actividades productivas que generen “trabajo de calidad”, aumenten la demanda laboral y la inclusión de los sectores más vulnerables. Del mismo modo que obstaculizaron la adopción de políticas económicas que, al reconocer a los sectores necesitados de planes sociales, los integren en cadenas de producción, con capacidades de agregar valor a la economía y de acompañar el crecimiento de otros sectores.

Mientras las pantallas televisivas machacan contra la posibilidad de analizar situaciones complejas por parte de quienes son acribillados por la metralla de la misma imagen -o, peor aún, por su réplica satirizada y con rating-, casi pasó desapercibida la detención previa a su extradición a Estados Unidos de Hernán Arbizu, el arrepentido ex directivo del JP Morgan, el mismo banco del que el ministro de Economía y Financias, Alfonso de Prat Gay fue director de Estrategia, antes de dedicarse a sacar del país la fortuna Fortabat.

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Nicolás García Uriburu

El ejecutivo, que manejó la mesa de “Banca Privada” del JPM, estimó en 2008 que los clientes argentinos más importantes operaron a través de bancos globales y elaboró una lista del top ten usado para fugar, en ese caso, u$s 85.000 millones: Citibank (u$s 20.000 millones), UBS (u$s 15.000 millones), HSBC (u$s 10.000 millones), Credite Suisse (u$s 10.000 millones), BBVA (u$s 8.000 millones), Santander (u$s 8.000 millones), Goldman Sachs (u$s 5.000 millones), JP Morgan (u$s 5.000 millones), Itaú (u$s 3.000 millones) y Morgan Stanley (u$s 1.000 millones).

Casi todas las entidades están representadas en el gabinete de Mauricio Macri, casi todas ellas participaron del festival de endeudamiento externo dispuesto por el gobierno para arrodillarse con creces ante los fondos buitres, que financian una de las fundaciones fundada por Laura Alonso, la titular de una Oficina Anticorrupción que, antes de investigar, sale una y otra vez a anunciar que su jefe no comete pecado alguno y que no tiene interés en analizar a fondo las denuncias contra más de veinte funcionarios por incompatibilidades entre sus cargos y los que ejercían antes de asumirlos o sus vínculos o propiedades accionarias. Ninguna como las acciones en la empresa Shell a la que beneficia con aumento de tarifas y compras de combustible el ministro de Energía y Minería Juan José Aranguren.

Servicios de oportunidad

A las 3 de la mañana del martes 14 de junio, Jesús, Omar u Oscar, un trasnochado pollero de General Rodríguez, desencadenó el golpe más duro que recibió el kirchnerismo después del triunfo de Macri en el balotaje del domingo 22 de noviembre del 2015. Sucedió cuando la mala performance de los seis meses del gobierno del PRO, empezaba a profundizar el malestar de distintos sectores laborales, sociales, económicos y productivos y arrojaba las primeras muestras de un deterioro que, en las propias filas del oficialismo, eran leídas como posibles causas de pérdidas de simpatías electorales. Río Cuarto pudo ser la primera señal de eso.

Entonces, cayó López, el ex secretario de Obras Públicas de la Nación José López. El blanqueo, el comienzo del proceso de destrucción del sistema previsional, las subas de gas, luz, agua, combustibles, teléfono…, los precios disparados, quedaron sepultados por las imágenes del convento. Con impudicia, los oficialistas festejaron y hasta le hicieron decir al diario Clarín que su jefe cree que el hecho “representa el fin del kirchnerismo como alternativa política”.

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Graffiti en Brooklyn del artista canadiense Li-Hil

Las versiones se multiplicaron; los “analistas” de los movimientos de los servicios de inteligencia tuvieron mucha tela para cortar. Sin embargo, es sintomático que La Nación, el otro diario que se apoderó bajo tortura de Papel Prensa, haya sido el que aportara señales concretas sobre una probable “operación”, no sobre la corrupción, sino sobre el momento en que se la “destapó”. La información de quienes abrevan en los sumideros del espionaje local hicieron que una de las columnas del diario centenario se preguntase suspicaz sobre la rapidez con que un patrullero, con dos capitanes a bordo, solo tres minutos después de la llamada del hombre de los pollos al 911.

 Antinacional y antipopular

La orientación política de un gobierno conduce sus pasos en una dirección o en otra. Se concentra cada vez más o se redistribuyen, por lo menos, parte de las rentas generadas por el conjunto; se liberan las variables para que “el mercado” ordene en beneficio de pocos y transfiera riquezas desde abajo hacia arriba, o se pone al Estado a ejercer su función de equilibrador y de contralor, como sucedió hasta la medianoche del 9 de diciembre pasado.

 Los avances logrados durante los años que se estrellaron contra el paredón de su propia derrota electoral, son presentados ahora como un mundo solo posible gracias a actos de corrupción. Más allá de las expresiones insalvables de la vicepresidenta Gabriela Michetti, del racismo del ministro Prat Gay o del mundo para pocos del ex productor de mozzarella de búfala, Javier González Fraga, los hechos son concluyentes.

5 apagar tanto fuego

Mural grupo Sudakas. Buenos Aires, Argentina

Entre las políticas públicas que impulsó el kirchnerismo pueden destacarse la creación de millones de puestos de trabajo, disminución del empleo no registrado, reducción de los niveles de pobreza e indigencia, incremento del salario real, aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil, negociaciones colectivas de trabajo a través de paritarias, aumento de cobertura del sistema de seguridad social, incremento de los haberes mínimo y medio, creación de la asignación universal por hijo y por embarazo, inserción de personas con dificultades para incorporarse al mercado de trabajo a través del monotributo social… El conjunto de medidas tuvo como resultado una mayor participación de los trabajadores en el ingreso, mejoras en la distribución de la riqueza a nivel nacional y mejoramiento de la calidad de vida de la mayoría de la población.

Esos logros fueron producto de decisiones políticas que guiaron a la economía, antagónicas a las de quienes pregonan la inevitabilidad de cruzar el desierto del ajuste sin anestesia y sin pestañar.

La noche del monasterio

Antes de esa noche bizarra del corrupto, los servicios de inteligencia, los difusores gubernamentales y el humo del disimulo de una situación económica y social que camina hacia la explosión, el conjunto de los sectores que acompañaron a Néstor y Cristina Kirchner, ya intentaba reinventarse. Lo hace y lo seguirá haciendo tras la vuelta obligada al llano, ante una situación grave como la que lo arrojó a ese lugar: una derrota electoral -nacional y bonaerense- ante un candidato que, más que a la derecha, representa y forma parte, de modo directo, de los grupos económicos concentrados, antinacionales y antipopulares, generadores, por otra parte, de esa “corrupción estructural” de la que todos hablan y muy pocos explican, sobre todo ante un  gobierno en el que los gerentes y accionistas de esa “patria contratista” terminaron ocupando cargos que van desde la presidencia hasta los ministerios y sus secretarías y subsecretarías.  

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Mural en Cartagena de Indias, Colombia. Blog: surcareloeste.wordpress.com

El espacio que durante una docena de años se llamó “kirchnerismo”, hasta que comenzaron las definiciones “finas” o las diferenciaciones sobre conducción  y liderazgo, empezó a repensarse. Como todo peronismo, desde 1945 hasta ahora, detrás de una figura que ocupe la Presidencia de la Nación y reivindique una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana, junto con la importancia del Estado en el intento construir igualdades, tras las propuestas que trajeron los patagónicos se alinearon todos los seguidores de aquel coronel que se hizo general con el apoyo de los que menos tenían.

Trabajadores, sectores sociales, empresariales, políticos, culturales, educativos, gobernadores, intendentes, se encolumnaron detrás de las dos figuras presidenciales que, además, generaron políticas que beneficiaron al conjunto del país y, en especial, a los sectores más vulnerables de su población.

Casi sin excepción, formaron parte de esa experiencia exitosa: incluso quienes hoy tratan de cogobernar desde la “oposición” tras haber sido jefes de los gabinetes de Néstor o de Cristina, dirigentes gremiales que hasta se atrevieron a trabajar para la candidatura de Macri y que antes llamaban a votar al “proyecto nacional que encarna Cristina Kirchner”, mandatarios provinciales que hoy negocian los votos de diputados y senadores de sus distritos a cambio de las dádivas extorsivas de la Casa Rosada.

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“Caleta mestiza”. Caleta Olivia , Argentina. Dirección del Equipo Muralista: Leonardo Olfer

También, y en especial, la mayoría de las organizaciones sociales conscientes de las conquistas y de los derechos logrados y, también, de “las grandes deficiencias que padecen los sectores más humildes de la clase trabajadora; los que se inventan su trabajo, los que necesitan subsidios paliativos, los que son parte del 35% de trabajadores informales, en definitiva los últimos de la fila”, como sostiene desde la Central de Trabajadores de Economía Popular (CTEP), Gildo Onorato.

Peronismo y Kirchnerismo

Después de la derrota, aquel “espacio”, con diferentes expresiones institucionales u organizativas,

empezó a rearmarse y a reubicarse, con objetivos diferentes, aunque no necesariamente contradictorios. Contra las versiones que lanzan al ruedo las usinas del gobierno y los medios de los grupos económicos que lo controlan, ninguno tiene intenciones disruptivas o apuesta a la retirada antes de tiempo de una gestión que se ganó el lugar en las urnas constitucionales.

No es menos cierto que ese gobierno legítimo y con derechos “logró” en apenas seis meses el desarrollo de un fuerte “polo antimacrista”, compuesto por fragmentos que estuvieron en diferentes espacios durante los tiempos del kirchnerismo y que hoy tienen puntos de confluencia y, también, posiciones diferenciadas. Algunos por compromiso con el pueblo y sus derechos, otros por el rechazo inevitable que genera la actual política de ajuste brutal, con despidos estatales y privados, pérdida del poder adquisitivo del salario, devaluación del peso, aumentos de precios, apertura a las importaciones y endeudamiento externo; todo eso teñido por capas de racismo, soberbia, nepotismo y corrupción.

Y no son pocos los hombres de leyes, honestos, que consideran que, ante imputaciones graves y planteadas con seriedad, se debe invertir la carga de la prueba y se debe exigir a los funcionarios gubernamentales que prueben su inocencia.

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Mural en Cartagena de Indias, Colombia. Blog: surcareloeste.wordpress.com

La bomba López fue arrojada en ese momento. Haber estado lejos de la corrupción, no tener nada que ver con ella, es imprescindible para quienes buscarán el reconocimiento de las mayorías cuando lleguen los tiempos electorales. Sin embargo, no alcanza. Entre la apuesta a la construcción de una fuerza política opositora con vocación de mayoría y la resistencia justificada a las políticas diarias de limitación de derechos, empobrecimiento y miseria del macrismo, se desarrollará el desfiladero o la ancha avenida de la apuesta a volver al gobierno.

Su fracaso le daría la razón a la alegría absurda de un Presidente que le hizo decir al diario más poderoso del país que, a su juicio, el servicial valijazo de General Rodríguez significó “el fin del kirchnerismo”, sin comprender que los pueblos construyen, siempre, sus propias alternativas; en realidad, sería el camino de la reelección del gobierno de las corporaciones o del recambio de figuritas por “justicialistas” guionados por los mismos titiriteros que los digitan en la actualidad.

Se trataría del mismo presente en el que Milagro Sala, líder de la Tupac Amaru, al martes 21 de junio, ya lleva 178 días como primera prisionera política del gobierno del presidente de la Patria Contratista y sus MacriPapers, en el que la Gendarmería de Patricia Bullrich reprime a la “Multisectorial contra el Tarifazo” de Rosario y hiere en la cabeza a Eduardo Toniolli, titular del bloque del Partido Justicialista-FPV y secretario general del PJ local, mientras trataban de acercarse al acto por el Día de la Bandera encabezado por el presidente Macri.

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Pancarta casera. Rosario, 20 de junio de 1016

Ejes

  • La corrupción es intolerable, cualquiera fuese su forma o el supuesto destino de los beneficios obtenidos con ella
  • En términos de superestructura solo pueden “hacer política” los poderosos; sin embargo, la actividad política de los sectores populares transcurre cerca de sus propios esfuerzos por construir un proceso que va de lo pequeño a lo más grande, de lo más simple a lo complejo, desde abajo hacia arriba, características que permiten otro tipo de acumulación, la social, con participación y organización de los implicados.
  • Durante el proceso kirchnerista, y contra los mecanismos de redistribución de rentas, que mejoraron enormemente la calidad de vida de los argentinos, la estructura económica impuso sus condiciones de concentración y extranjerización y sus corporaciones mantuvieron su flujo de fuga de capitales que hoy se calculan en más de u$s 500.000 millones fuera del país.
  • La riqueza offshore, compuesta por valores de origen lícito o ilícito pero lisa y llanamente evadido, ahora se podrán “blanquear” a precio de oferta y sin necesidad de repatriarlos.
  • Las entidades encargadas de fugar divisas participan casi en su totalidad del actual proceso de endeudamiento y están representadas en muchos de los principales despachos del Ejecutivo.
  • La “corrupción estructural” de la que mucho se habla tiene gerentes y accionistas que terminaron ocupando cargos gubernamentales que van desde la presidencia y pasan por los ministerios y sus secretarías.
  • Después de su derrota electoral, el espacio kirchnerista, con diferentes expresiones institucionales u organizativas, empezó a rearmarse y a reubicarse, con objetivos y nominaciones diferentes, aunque no necesariamente contradictorios.
  • Por su parte, el gobierno “logró” en apenas seis meses el desarrollo de un fuerte “polo antimacrista”, compuesto por fragmentos que estuvieron en diferentes espacios durante los tiempos del kirchnerismo y que hoy tienen puntos de confluencia y, también, posiciones diferenciadas.
  • Ese rechazo fue generado por la actual política de ajuste brutal, con despidos estatales y privados, pérdida del poder adquisitivo del salario, devaluación del peso, aumentos de precios, apertura a las importaciones y endeudamiento externo; todo eso teñido por capas de racismo, soberbia, nepotismo y corrupción.
  • No tener nada que ver con ella sería imprescindible para quienes busquen el reconocimiento de las mayorías cuando lleguen los tiempos electorales. Entre la apuesta a la construcción de una fuerza política opositora con vocación de mayoría y la resistencia justificada a las políticas diarias de limitación de derechos, empobrecimiento y miseria del macrismo, se desarrollará el desfiladero o la ancha avenida de la apuesta a volver al gobierno.

 

 

 

 

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