LAS PLAZAS DEL PUEBLO: DEL EMPODERAMIENTO A LA AUTOCRÍTICA

“Vamos a volver a ganar las elecciones en 2017 y a ser gobierno en 2019”, dijo Martín Sabbatella en Mar del Plata, donde se organizó una Plaza del Pueblo. El titular del AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual), desplazado de su cargo por un DNU del Presidente Macri a pesar de las dos medidas cautelares que lo restituían a Sabbatella en su cargo estuvo en la ciudad balnearia el sábado 20 de febrero, en un contexto donde también se están empoderando grupos neo nazis cercanos al intendente de Cambiemos. Pero, ¿cuántos errores de propios han convertido a nuestro país en el Gobierno de los CEOs?

Por Malvina Silba

Enardecido Sabbatella se preguntó qué urgencia podía tener Macri para emitir un decreto que anulara la Ley de Medios. Y se respondió: defender los intereses de quienes fueron algunos de sus aliados estratégicos (y exitosos) durante la campaña, los medios de comunicación hegemónicos, con el Grupo Clarín y Héctor Magnetto a la cabeza, claro. La explanada frente al Hermitage estaba repleta de familias con mate, lonitas, reposeras, y todas y todos aplaudieron, convencidos de que Sabbatella tenía razón y en sus palabras se veían expresados muchos de sus anhelos y convicciones.

Llevaban también banderas y carteles hechos a mano. Se destacaban las de “Empoderados”, “Resistiendo con Aguante” y una con letras enormes y convincentes, exigiendo la libertad de Milagro Sala, la primera presa política de Cambiemos, entre tantas otras de diversas agrupaciones políticas afines al kirchnerismo.

“En la campaña electoral Macri hablaba de diálogo y ahora el único diálogo del gobierno autoritario son las balas de goma para los pibes de la murga [en el Bajo Flores] y la represión a los trabajadores que protestan [Cresta Roja, Municipalidad de La Plata, entre otros]”, dijo. Además cuestionó a los diputados que armaron otro bloque, alejándose del FPV, con el diputado Diego Bossio y el gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey a la cabeza por ser “funcionales al proyecto de Macri y a la derecha, están también al servicio de las corporaciones”.

Antes habían hablado José Luis Zerillo, ex-Secretario de DDHH del MGP durante la gestión del Intendente Pulti y la diputada nacional (FPV) Fernanda Raverta.

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Neo-nazis

Tanto Zerillo como Sabbatella se refirieron al contexto que está atravesando la ciudad de Mar del Plata: los ataques de grupos neo-nazis. Denunciaron la complicidad  política del intendente Carlos Arroyo, de Cambiemos, quien frente al último ataque al local “Nevermind”, atinó a calificar lo sucedido como “un hecho delictivo más”, desconociendo, en principio, la gravedad de los hechos. El local es propiedad de Javier Moreno Iglesias, presidente de Amadi (Asociación Marplatense por la Diversidad), quien ya sufrió intimidaciones y amenazas en reiteradas oportunidades.

Por otra parte, Arroyo tampoco se hace cargo de su cercanía con Carlos Pampillón, líder de FONAPA (Fondo Nacional Patriótico) y de estos grupos neonazis; todos ellos participantes, entre otros hechos violentos, de los incidentes en la Catedral de la ciudad durante el último Encuentro Nacional de Mujeres, en octubre del año pasado.

La Plaza del Pueblo

Los discursos fueron reconfortantes para quienes durante los dos últimos dos meses y medio sintieron y experimentaron muchas de las medidas, anuncios y decisiones de este gobierno como autoritarias, anti-populares y regresivas respecto de derechos conquistados que creían, nunca más nadie les iba a arrebatar.

¿Pero qué fue lo qué pasó? ¿Cuántos errores de propios y extraños han convertido a nuestro país en el Gobierno de los CEOs? ¿La mayoría de las y los votantes efectivamente creyó que Macri y su equipo no iban a devaluar, o a transferir ingresos al campo y las mineras, por ejemplo, o a quitar subsidios indiscriminadamente? ¿De verdad le creyeron cuando prometió solucionar “mágicamente” el problema de la inflación, el desempleo y el empleo en negro, o la salud y la educación públicas –con todos sus matices y todas sus contradicciones, en virtud de lo realizado en ese campo pero teniendo a la vista las deficiencias que aún perduran en ambos sistemas–?

Existen otras cuestiones que deben ser señaladas, más allá de la enorme eficacia del llamado “blindaje mediático” frente a la gestión del PRO en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, donde las denuncias por corrupción en la obra pública, el aumento indiscriminado de impuestos y la crisis presupuestaria y de infraestructura en escuelas y hospitales públicos está lejos de ser “el ejemplo” de gestión que el PRO construyó como bastión durante la campaña y al cual pocos medios se refirieron en ese contexto. (En este punto muchos pensarán que las escuelas, los hospitales y los impuestos tampoco fueron un ejemplo de gestión de Scioli en la provincia de Buenos Aires, y sólo puedo contestar: “es verdad”; sin embargo, lo que estaba en juego era mucho más complejo y si había algo que sobraba en ese ballotage eran contradicciones…).

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Hay dos aspectos, entonces, a señalar para seguir pensando en torno a estas Plazas del Pueblo. El primero: llamó particularmente la atención la ausencia de autocrítica. Quizás no era el lugar ni el momento para hacerla, es verdad. Pero hubiera resultado al menos alentador escuchar de boca de un dirigente como Sabbatella un “Nos equivocamos en esto, sí, pero debemos continuar por acá, reforzando esto, mejorando lo otro…”

El segundo: las indefiniciones a la hora de convocar a la militancia cotidiana, no solo la organizada. Esa que se construye en los diálogos e intercambios cercanos con el otro y puede servir para ir enriqueciendo la comprensión de una realidad social complejísima. “Vamos a ganar en el 2017 y volveremos a ser gobierno en el 2019”. Ok, pero ¿cómo?

Muchas remeras de las y los asistentes rezaban “Yo te avisé”. Puede que haya miles de votantes de Macri arrepentidos, y otros felices con el resultado, pero seguir pensando “ellos se equivocaron al votarlo porque no nos escucharon a nosotros que sabíamos la verdad desde siempre” representa una peligrosa forma de razonamiento. Una delgada línea que separa la crítica necesaria a aquellos quienes lo votaron convencidos de que elegían el retroceso en materia de derechos para las mayorías populares, y aquellos que lo hicieron amparados en una mirada también crítica sobre la gestión anterior.

Si no, rápidamente podemos caer en la falacia antidemocrática: cuando la mayoría de los votos van para el lado que uno quiere es porque “el pueblo no es tonto, sabe votar y nunca se equivoca”, y ante una derrota ajustada, pero derrota al fin, transforma sus argumentos rápidamente para convertir a ese pueblo iluminado y virtuoso en una simple masa manipulada por el poder mediático.

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Las Plazas del Pueblo son necesarias porque permiten que las y los ciudadanos se conozcan, se vean las caras por fuera de las redes sociales, ocupen el espacio público en uso legítimo de su derecho; también invitan a celebrar con alegría, a resistir con entereza moral, con imaginación y trabajo a un gobierno y una política económica, social y cultural claramente opuesta a los intereses de esas mayorías populares. Pero también deben servir para militar y discutir con inteligencia, construyendo una mirada crítica que les permita crecer y no encerrarse en, quizás, las mismas empecinadas convicciones de las y los dirigentes y de quienes creyeron en ellas/os, y que hicieron perder esta batalla. Si quieren efectivamente volver a ser gobierno en 2019 deben, sin duda, resistir, tener aguante, empoderarse, gritar convencidos “Vamos a volver”, pero también poder reconocer en qué se equivocaron, y qué formas de hacer y pensar la política deben transformarse para que la derecha no vuelva a ganar.

*La autora es Investigadora del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y Docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Sus áreas de interés son las juventudes, la cultura popular, los medios de comunicación y las diversas formas en las que allí se articulan los clivajes de clase, género, edad y territorio.

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