OBSTÁCULOS Y DESAFÍOS PARA ORGANIZAR DESPEDIDOS

En la Jefatura de Gabinete de Ministros, a cargo del carismático Marcos Peña, la crónica de los despidos comenzó el último día hábil de diciembre y permite poner al desnudo una metodología con varias aristas que apunta a infundir el miedo y desmovilizar. Hoy se harán presentes en la movilización a Plaza de Mayo en la que confluirán sectores  que venían manifestándose por separado desde hace muchos años.

Por Vanina Pasik / Fotos: Trabajadores despedidos de Jefatura de Gabinete

El 29 de diciembre por la tarde apareció una directora de Recursos Humanos, con 40 años de carrera en la administración pública, y tuvo la gentileza de mostrar un listado con más de 100 empleados cuyos contratos no se renovarían. Las situaciones eran diferentes: algunos eran rescindidos porque las direcciones a las que pertenecían pasaban al Ministerio de Modernización o al del Interior (donde nunca fueron recibidos), y eran también diversas las formas de contratación.

El grueso eran empleados de planta transitoria, una modalidad según la cual los contratos se renuevan anualmente –de forma casi automática–,  y se goza de derechos como el aguinaldo, las vacaciones pagas, y en su artículo 13 consta que ambas partes deben dar un mes de preaviso en caso de rescindir el contrato. En algunos casos, facturaban por “locación de servicios”.

Movilización ATE 20160204-3

En el caso de la Coordinación del Comité de la Lucha contra la Trata, 18 profesionales facturaban al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, y sabían que había fondos suficientes para cubrir sus sueldos hasta marzo.  Pero fue necesario que los mismos trabajadores expresaran públicamente sus reclamos porque el área, que debe procurar por las víctimas de trata con fines laborales y de explotación sexual, estaba paralizada en sus funciones. Ya hubo nombramientos. Habrá que esperar a marzo para ver cómo continúa el área.

“En el conflicto por la reincorporación hubo gente que se fue y no volvió”, lamenta Iván Stoikoff, despedido afiliado a ATE. “Al día de hoy hay mesas de diálogo abiertas que van supeditadas a la correlación de fuerzas que se pueda mostrar con las medidas de protesta”, apunta.

El lunes hubo una asamblea del sindicato de trabajadores estatales enrolado en la CTA para, entre otras cuestiones, definir la participación en la marcha de hoy. Muchos de los despedidos tienen prohibido ingresar al edificio. Reingresaron de forma excepcional para participar de este espacio de debate sobre la defensa de sus derechos.

Movilización ATE 20160204-4

Desde el último día hábil de diciembre los grupos de trabajadores cuyas huellas isométricas iban siendo rechazadas por el sistema tomaron la definición de quedarse en el hall del edificio, presentando un acta que acredite que se presentaron a trabajar. Despojando a los trabajadores de sus tareas y desplazándolos de sus puestos de trabajo,  la nueva gestión fue amasando los ñoquis que quería despedir. La primera reacción de los expulsados fue quedarse en ese espacio, para cuidar su fuente de trabajo. Casi se transforman en una postal, tomando mate y analizando el cambio de etapa.

Fue Paula Bertol quien prohibió el ingreso al hall. La secretaria de Relaciones Parlamentarias y Administración pisa fuerte en el edificio de la ex Somisa. Fue ella la que mandó a cambiar los potus del noveno piso, porque le traen mala suerte, y  el jueves de la semana pasada ordenó que no los dejen entrar más. “Debe pensar que afeábamos el hall”, trata de ironizar un integrante de la lista negra. Responde a los lineamientos centrales de su gobierno: toma una medida de seguridad, para resolver un problema gremial.

Desde ese momento, los trabajadores y trabajadoras se reúnen día por medio, al rayo del solazo de febrero, en la puerta de la Jefatura, para repartir volantes, desplegar la bandera que pintaron y explicar la situación a los que se atreven a preguntar.  Es difícil sostener las medidas de fuerza.

Por ejemplo, Malena, que tiene dos hijos y trabajaba en la Secretaría de Comunicación Pública haciendo análisis de medios, dejó de pagar a la niñera, sabe que no cobrará nada en febrero, y tiene que buscar trabajo. Se le complica asistir a todas las medidas de fuerza, aunque lo intenta. Parecido es el caso de Carlos, que fue padre hace 5 meses, y padece una afección por la cual antelas situaciones de stress extremo se contractura a un nivel tal que no puede moverse de la cama. Además, la mayoría sabe que no cobrará y necesitan conseguir un nuevo empleo.

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¿Lo decimos o no?

Otro obstáculo importante, para construir y visibilizar el conflicto, es el miedo que se infunde sobre quienes permanecen en sus puestos. Además de haber un gran número de personas cumpliendo 8 horas en sus puestos sin ninguna tarea –lo que genera naturalmente múltiples tensiones en cualquier grupo humano–, se suman las situaciones de amenaza en las que ha incurrido algún gremio.

Con mensajes a los celulares de sus afiliados, o en secreto, por los pasillos, algunos delegados hacen fuertes recomendaciones para que los trabajadores no asistan a las asambleas de trabajadores ni apoyen las medidas de fuerza de sus  compañeros despedidos. La promesa es que serán parte de una lista que los proteja de la “limpieza” o del “proceso de desideologización” que afronta la nueva gestión.

Los rumores indican que el sindicato en cuestión estaría afiliando a los empleados que ingresaron con las nuevas autoridades.

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Hablemos del miedo

En un escenario como este, es necesario  ser realistas. Los tribunales laborales no podrán ser quienes resuelvan un conflicto tan masivo: la única palanca de freno es la política gremial. El efecto colateral buscado con los despidos, es domesticar a los trabajadores que resistan en sus sillas. Predomina la idea de agachar la cabeza para intentar pasar por debajo de la ola. Es comprensible.

Sin miedo a ser acusados de promover una campaña del miedo, a la luz de las políticas ya desplegadas por los dos meses de Mauricio Macri en el poder, vale recordar que el decreto 254 pone en revisión a absolutamente todos los contratos. Un grupo importante tiene una prórroga hasta marzo, y habrá que ver cómo se sigue desgranando esta estrategia de despidos con cuenta gotas. Lo que es seguro es que los nuevos despedidos serán recibidos con los brazos abiertos por todos los que siguen peleando por su derecho a trabajar. Si el macrismo persiste en su política de exclusión laboral  será quien revitalice el reclamo en su contra.

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